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Tan poderosa como el “Mayo” Zambada y peligrosa como Caro, así es la “Chata”, pionera del narco

Criada en los códigos de un mundo controlado por hombres duros y despiadados: María Dolores Estévez Zulueta solía pasar desapercibida.

Tan poderosa como el “Mayo” Zambada y peligrosa como Caro, así es la “Chata”, pionera del narco

En los listados de los capos más poderosos de México, pese a que fue la primer mujer considera “emperatriz” del hampa.  Le llamaban la “Chata” y era señalada como la mujer más poderosa del mundo de las drogas desde 1945. Se dedicaba a traficar y distribuir sustancias nocivas, principalmente en la zona de La Merced, en la Ciudad de México.

Su vida transcurrió a la sombra del mundo narco. Según documentan, la “Chata” tenía del narcotráfico un conocimiento casi genético, pues su padre se dedicaba al tráfico de morfina y marihuana. Esta intimidad acrecentó una leyenda forjada en su historial de mujer fatal.  Su imagen discreta y sobre todo su presencia sigilosa ayudaron a su ascenso al dudoso cielo de las narco leyendas.

A la “Chata” se le escribieron corridos y sirvió de inspiración a los escritores. En 1940, el escritor estadounidense, William S. Burroughs (1914-1997), la tomó como modelo para varios de sus personajes.

María Dolores Estévez Zulueta aparece en sus escritos como Lupe, Lupita o Lola. En su libro Ciudades de la noche roja, Burroughs describe un encuentro entre su protagonista y la “Chata”, que es su proveedora de heroína. Con motivo de su detención en 1957, y de su fallecimiento dos años más tarde, la imagen de la mujer —acompañada de grandes titulares— copó los principales medios de comunicación

La historia

En 1945, el entonces presidente de México, Manuel Ávila Camacho (1897-1955) promulgó un decreto para la Secretaría de Gobernación y organismos policiacos de todo México, con el fin de que aprehendieran a la “enemiga pública número uno”: “Lola, la Chata”, quien pagaba grandes sumas a empresarios y elementos de la policía para que la protegieran y la dejaran trabajar.

Las páginas de libros que recogen su historia, revelan que a la edad de 13 años, la “Chata” pasó de vender chicharrones a traficar y distribuir marihuana y morfina. Fue detenida en siete ocasiones por la venta droga.

Durante la Revolución mexicana (1910), la mujer se mudó a Ciudad Juárez (Chihuahua), que desde siempre ha jugado un papel dominante en el narcotráfico. En aquel estado dio a luz a dos de sus hijas y se involucró en el tráfico transnacional.

Después de algunos años, retornó a la Ciudad de México y contrajo matrimonio con el ex policía, Enrique Jaramillo, un exitoso narcotraficante y vendedor de drogas con sede en Pachuca, Hidalgo.

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La posición de Jaramillo benefició a la “Chata, quien recibió protección de las autoridades.  En 1957, la “Chata” fue sentenciada a 11 años y seis meses de cárcel. Para la policía, María Dolores Estévez era la traficante que abastecía de drogas a los viciosos más empedernidos de la capital del país, muchos de ellos de familias acomodadas