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Al menos 45 mil niños mexicanos trabajan para carteles, CDS, CJNG, CDG y otros

Ciudad de México. – Las historias de seis jóvenes narradas en el libro Un sicario en cada hijo te dio parecen superar la vida de cualquier delincuente de más de 30 años.

Al menos 45 mil niños mexicanos trabajan para carteles, CDS, CJNG, CDG y otros

recluido en las cárceles de México. Relatos que van desde una adolescente contratada para «levantar» a otros; una que tenía su propia red de prostitución a los 16 años; un niño que a los 8 años empezó a matar y robar niños para una red de venta de órganos; hasta Daniel, un joven que creció sabiendo que tenía que vengar la muerte de su papá, y terminó a los 12 años formando parte del Cártel de Jalisco Nueva Generación.

Saskia Niño de Rivera, Mercedes Castañeda, Fernanda Dorantes y Mercedes Llamas son las autoras, quienes además hacen un análisis de los impactos psicológicos y la falta de justicia.  Mercedes Llamas, doctora en Gobierno y Administración Pública por la Universidad Complutense de Madrid, comentó en entrevista para DEBATE que el libro surgió trabajando en el sistema de internamiento para adolescentes, lo que antes era correccional y tutelar de menores.

Son seis casos —indicó— que representan a los 35 mil o casi 45 mil niños que hoy se encuentran captados por la delincuencia organizada. «No es que sean los más fuertes, simplemente son representativos», comentó.

La especialista dijo que el libro Un sicario en cada hijo te dio es un llamado muy fuerte a la sociedad y al Gobierno sobre lo que está sucediendo en nuestro país, pues deben ser elaboradas políticas públicas integrales que pongan un freno tanto a los delitos como a la vulnerabilidad de los menores.

«Hacemos un llamado a la sociedad, porque este un problema de todos los mexicanos; primero, porque son el futuro de México, y segundo porque son personas que van a regresar a la sociedad», expuso.

Niños ideales

Comentó que en la realización de este libro —que duró más de cuatro meses— encontraron dos procesos en materia jurídica muy importantes. Abundó que en el Sistema Integral de Justicia para Adolescentes se tiene una ley que es garante de derechos humanos en cuanto a adolescentes y niños. Fue reformada, incluso la ley no permite que los menos de 14 años sean ingresados a ningún centro de internamiento; es decir, independientemente de lo que el niño haya cometido, bajo ninguna circunstancia puede ser encerrado este niño o adolescente.

Un sicario en cada hijo te dio, narra la cruel realidad que en México viven miles de niños que caen en las manos de los carteles

Eso, visto desde los derechos humanos, es muy correcto, consideró Mercedes Llamas; sin embargo, dijo que los sistemas que tienen esas leyes tan grandes de derechos humanos cumplen con otras medidas que en México no se cumplen.

«Un niño que con una conducta agresiva a los 13 años, en otro país que tienen el mismo tipo de ley, por ejemplo, se le hace un seguimiento exhaustivo a este niño, a la familia, se ve que vaya a la escuela; es decir, el Gobierno camina de la mano con el niño para que no vuelva a reincidir. Pero qué sucede en México. En la ley también evidentemente tenemos estas medidas que se llaman medidas externamiento, que son medidas que se deberían de cumplir para evitar que el niño vuelva a cometer esta conducta, pero no sucede así en México», lamentó la también maestra en Criminología y Política criminal.
Contrariamente —expuso—, cuando un niño de 14 años comente un delito, básicamente, en la mayoría de los estados, es regresado a la calle, a su familia, y punto.

Entonces —consideró—, los menores de esta edad se vuelven perfectas presas para la delincuencia organizada: «Es un niño que puede jalar un gatillo igual que un niño de 18 años, que tiene igual acceso a portación de armas y que para la red de delincuencia organizada es mucho más económico; uno, porque no va a tener una consecuencia jurídica, no lo pueden internar; y, dos, es lo más económico.

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Le puede pagar menos a un niño de 13 años, de 10 años; son niños muy baratos, niños desechables, niños que si les pasa algo muchas veces la familia ni siquiera va a hablar por ellos o a intentar rescatarlos porque vienen de familias pocos estructuradas», lamentó Llamas.