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Sinaloa, la cuna de narcotráfico… desde ‘El León de la Sierra’ hasta ‘El Chapo’ Guzmán y ‘Los Chapitos’…

Se le conoce a escala nacional e internacional por su música banda y sus mujeres; también por ser cuna de los principales líderes del narco en México y de la llamada narcocultura.

Sinaloa, la cuna de narcotráfico... desde ‘El León de la Sierra’ hasta 'El Chapo' Guzmán y 'Los Chapitos'...

Aquí en esta ciudad (Culiacán) no pasa nada, todo sigue igual. Las camionetas blancas siguen saliendo por las noches en sus recorridos nocturnos, todos saben que en esos vehículos viajan los integrantes del Cártel de Sinaloa, todos, incluso las propias autoridades municipales y estatales, quienes disimulan no verlas.

El estado de Sinaloa se conoce a escala nacional e internacional por su música banda y sus mujeres; también por ser cuna de los principales líderes del narcotráfico en México y de la llamada narcocultura.  Ahí nacieron Pedro Avilés, Ismael El Mayo Zambada y Juan José Esparragoza Moreno.

En es lugar vieron la luz también Ernesto Fonseca Carrillo, Rafael Caro Quintero,  Ignacio Coronel Villarreal y Joaquín Guzmán Loera quien nació en Badiraguato. Sus primos, los cinco Beltrán Leyva, nacieron y crecieron en el mismo campo y en la misma época.

Para entender el polvorín en el que está sentada la ciudad de Culiacán, que el cartel de Sinaloa reclama como propia a golpes de metralla, es necesario ver hacia atrás, bastante lejos. Y es que desde hace más de cien años en sus fértiles tierras ya cultivaban marihuana y amapola, una lucrativa actividad ilegal que varios traficantes que nacieron en ese estado fueron extendiendo al resto del país.

Esta es la versión que más se repite tratando de explicar por qué el narcotráfico mexicano nació en Sinaloa: dicen que el cultivo de la adormidera, base del opio, fue implementado allí por inmigrantes chinos a principios del siglo XX y que ya en la década de 1940 un supuesto acuerdo entre los gobiernos de México y EU financió sembradíos para producir morfina, necesaria para aliviar los dolores de los soldados heridos en la Segunda Guerra Mundial. No hay registros oficiales, ni funcionarios que confirmen esta teoría.

Esta es la versión que más se repite tratando de explicar por qué el narcotráfico mexicano nació en Sinaloa: dicen que el cultivo de la adormidera, base del opio, fue implementado allí por inmigrantes chinos a principios del siglo XX y que ya en la década de 1940 un supuesto acuerdo entre los gobiernos de México y EEUU financió sembradíos para producir morfina, necesaria para aliviar los dolores de los soldados heridos en la Segunda Guerra Mundial. No hay registros oficiales, ni funcionarios que confirmen esta teoría.

“Sabido es que en la década de 1940, y con motivo de la Segunda Guerra Mundial, se intensificaba esta actividad con fines de tráfico en el municipio de Badiraguato, para abastecer de heroína a los Estados Unidos (…) Muy pronto aparecieron sembradíos de adormidera en todo el municipio”, relataba el cronista Raúl Valenzuela en un texto publicado en la revista Presagio en 1979.

El escritor Leónidas Alfaro contó un teoría similar en su libro Tierra Blanca: “Hitler ordenó cerrar las puertas de Marruecos y Turquía, países que producían y abastecían de goma de opio a Estados Unidos. La goma servía para elaborar algunos medicamentos necesarios en los frentes de guerra. Ante esta situación, el gobierno gringo firmó un convenio con el gobierno mexicano para sembrar amapola”.

Pero otros consideran que es uno de tantos mitos que giran en torno al contrabando de drogas en México, como la historia del bandolero Jesús Malverde, venerado por mafiosos de ese país con la creencia de que robaba a los ricos para darle a los pobres, una especie de Robin Hood sinaloense.

Expertos subrayan que en el narcotráfico han intervenido factores económicos, geográficos y sociales. Por un lado, se eligió Badiraguato por su clima propicio para la agricultura y su accidentada topografía, en cuyas cañadas y cerros se pueden ocultar sembradíos completos de la vista de los militares. Por el otro, los campesinos se involucraron en ese negocio ilegal buscando salir de la pobreza extrema.

Para Javier Valdez Cárdenas, periodista de temas  de seguridad en Sinaloa el narcotráfico, desde hace décadas, es una forma de vida, es la representación de generaciones dentro del crimen organizado y de sus diversas actividades ilícitas.

“El narco en Sinaloa es seducción, no necesita amenazas, no necesita extorsión, el narco es una atractividad, una atractividad impresionante, es la omnipresencia, es algo cotidiano, muy fuerte.”

En la capital de Sinaloa hay un toque de queda voluntario. Del ajetreo cotidiano se pasa a la soledad de las calles antes de las 20:00 horas.

Después, las caravanas de tres camionetas blancas de lujo inician su recorrido por las calles de Culiacán; aquí todos saben que así se transporta el crimen organizado, incluyendo las autoridades  municipales.

Por años Rafael Caro Quintero, Joaquín Guzmán Loera, El Chapo Guzmán e Ismael El Mayo Zambada tejieron redes de corrupción y protección dentro de los gobiernos estatales y municipales que les permitieron vivir tranquilamente bajo el amparo de la impunidad y protección de las policías de Culiacán y Mazatlán.

La protección institucional de las corporaciones a los grandes capos del cártel de Sinaloa es evidente. Los propios directores no pueden poner las manos al fuego por sus elementos, como fue el caso del secretario de Seguridad Pública de Culiacán, quien a pregunta expresa si sus elementos no estaban vinculados con el crimen organizado, respondió con nerviosismo que llevaba dos meses en el puesto sin descartar si están o no dentro de la delincuencia.

“Nosotros no podemos descartar, ni aseverar que alguien de nuestras corporaciones esté dentro del crimen organizado.”

La influencia de ‘El Chapo’ Guzmán

En 1954, cuando el pueblo de La Tuna vio nacer a Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, que a la postre se convertiría en el narco más poderoso del mundo, Sinaloa era ya el principal productor de amapola del país. Su propio padre lo enseñó a cultivar goma de opio desde que era un niño. Apenas si fue unos años a la escuela primaria.

‘El Chapo’ tenía 21 años cuando en 1975 miles de soldados implementaron ‘La Operación Cóndor’, que buscaba erradicar la siembra de marihuana y amapola en la región. Incendiaron plantíos, encarcelaron a muchos agricultores, destruyeron propiedades y desataron un éxodo masivo de campesinos. También se fueron quienes eran los líderes del tráfico de drogas, pero solo se refugiaron y fortalecieron en Guadalajara.

El primero de los capos sinaloenses fue Pedro Avilés Pérez, a quien apodaban ‘El León de la Sierra’ porque creó su imperio en las montañas de ese estado. Fue uno de sus cercanos, Miguel Ángel Félix Gallardo, alias ‘El Padrino’ y ‘El Jefe de Jefes’, el primero que administró como una empresa la importación de drogas a EEUU.

Félix Gallardo se unió a Ernesto Fonseca Carrillo, alias ‘Don Neto’, y Rafael Caro Quintero, apodado ‘El Número Uno’, otros sinaloenses, para fundar el extinto cartel de Guadalajara a principios de la década de 1980. Su negocio avanzaba viento en popa, porque el grupo llamado ‘La Federación’ logró unificar a varios productores de cannabis y comenzó a transportar cargamentos de cocaína de los carteles colombianos.

La suerte les cambió cuando Enrique ‘Kiki’ Camarena, un agente de la Administración para el Control de Drogas (DEA), se infiltró en la organización delictiva y logró un histórico decomiso de marihuana en el rancho ‘El Búfalo’. La DEA asegura que, en venganza, el cartel secuestró y torturó hasta la muerte a Camarena.

Antes de que la ofensiva estadounidense terminara por encarcelar a los tres narcos, ‘El Padrino’ repartió los territorios a capos regionales, todos sinaloenses. A ‘El Chapo’ le dejó Tecate, Baja California; a la familia Arellano Félix, Tijuana; a Luis Héctor ‘El Güero’ Palma, San Luis Río Colorado, Sonora; a la familia Carrillo Fuentes, Ciudad Juárez, Chihuahua; y a Ismael ‘El Mayo’ Zambada, el estado de Sinaloa.

Los hermanos Arellano Félix fueron los primeros que se separaron de ‘La Federación’ y fundaron su propio cartel, el de Tijuana, que llegó a ser considerado el más poderoso de Latinoamérica. Cansados de pagarles por cruzar droga a través de su territorio, ‘El Chapo’, ‘El Mayo’ y los Carrillo Fuentes se aliaron para declararles la guerra, que concluyó hasta que Ramón Arellano Félix fue asesinado a tiros en Mazatlán en 2002.

En 1993, en medio de los sangrientos enfrentamientos, pistoleros del cartel de Tijuana balearon al cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en el aeropuerto de Guadalajara. El blanco era ‘El Chapo’, aunque él terminó pagando los platos rotos: el gobierno comenzó a buscarlo por la ejecución del líder religioso. Lo atraparon unos meses después en Guatemala y pasó ocho años en una prisión de Jalisco. Se cree que ‘El Mayo’ fue quien coordinó su escape en 2001 oculto en un carrito de lavandería y pagando sobornos a los celadores.

Unos días después de la fuga, los capos se reencontraron en algún lugar del centro de México. Un bautizo en el que los dos fueron los padrinos de bautizo del hijo de un gatillero coronó el pacto. Guzmán estaba quebrado y lo seguían las autoridades, pero Zambada le ayudó a levantarse en el mundo del hampa.

“Vámonos a Sinaloa, yo tengo el control allá, vamos para tu tierra”, le dijo ‘El Mayo’ a su compadre, según relató su hermano Jesús ‘El Rey’ Zambada en el juicio contra ‘El Chapo’. “No te preocupes, todo está listo para trabajar. Lo que necesites cuente con ello, tenemos equipo”, le insistió Zambada y desde ese momento compartió las ganancias “en una sociedad del 50%”, afirmó ‘El Rey’.

«Todos los caminos conducen al narco»

Esa dupla convirtió a Culiacán en su bastión, por su ubicación estratégica en el Triángulo Dorado, como se le conoce a la región que conforman Sinaloa, Durango y Chihuahua. En ese lugar coordinaron juntos la producción de marihuana, heroína y metanfetamina. Allí también almacenaron buena parte de los envíos de cocaína que recibían de sus socios colombianos, antes de cruzarlos a EU. Desde la sierra, vía telefónica, se encargaban de los sobornos que repartían a políticos, militares y policías locales.

En esa misma ciudad abrieron varios negocios para lavar dinero, incluyendo la marca de leche Santa Mónica, que llegó a ser la más consumida por los sinaloenses hasta que EEUU la fichó como una empresa de ‘El Mayo’. Restaurantes, hoteles, centros comerciales, tiendas, gasolinerías y hasta una guardería en esa ciudad son y fueron operadas por los testaferros de la organización delictiva.

Hasta ese lugar han viajado capos de otros países interesados en hacer sociedades con el poderoso cartel, que usa una enorme variedad de métodos para cruzar droga hacia EU: túneles, lanchas, trenes, aviones, buses, camiones de carga, autos particulares, mulas y hasta rudimentarias catapultas.

La bonanza económica de esta tierra de narcos no solo se palpa en los autos de lujo que circulan en sus calles, sino en el panteón Jardines de Humaya, en una de las orillas del municipio, que luce plagado de tumbas ostentosas que más parecen pequeñas mansiones. EU cree que Guzmán, quien una vez estuvo en la lista de los más ricos de la revista Forbes, se embolsó más de 14,000 millones de dólares gracias el trasiego de droga durante tres décadas. Ese espejismo es el que sigue llevando a los jóvenes al crimen organizado.

«Es una forma de vida, todos los caminos conducen al narco en Sinaloa, sobre todo en Culiacán, tú no puedes decidir no convivir con ellos», describía en enero de 2016 el periodista Javier Valdez, al medio BBC. Un año después se dirigía a las oficinas del semanario Río Doce, donde trabajaba, cuando fue asesinado a tiros. En enero, Dámaso López Núñez, ‘El Licenciado’, quien fue la mano derecha de ‘El Chapo’, testificó en el juicio contra Guzmán que pistoleros de los hijos de su antiguo socio ordenaron la ejecución de Valdez.

“Ellos controlan todo el estado”

Para sobrevivir en un ambiente plagado de traiciones y vendettas, el cartel suele reclutar a familiares y cercanos. Varios hermanos y ahora los hijos de ‘El Mayo’, ‘El Chapo’ y sus socios se han involucrado en el contrabando de droga y en el blanqueo de capitales. Los hijos de Zambada están o estuvieron en prisión y el mayor de ellos, Vicente, alias ‘El Vicentillo’, fue el primero de su familia que fue extraditado a EEUU.

Por eso los hijos de Guzmán -Jesús Alfredo, Iván Archivaldo, Joaquín y Ovidio- todos buscados por la DEA, tomaron un papel predominante en la cúpula del cartel. Quedó demostrado la semana pasada, cuando decenas de sicarios se tomaron las calles, bloquearon vialidades y retuvieron a militares para doblegar el operativo que buscaba arrestar a Ovidio. Una versión afirma que ‘El Mayo’ intervino en la refriega y rescate.

En una lugar donde todo se cuenta en corridos, ya se compusieron varios sobre los sucesos del 17 de octubre: Estado de Sinaloa es cuna de los Guzmán/ el gobierno qué imprudente al niño fue a despertar/ aprovechando que el jefe se encuentra en otro lugar.

El potente armamento, incluyendo ametralladoras de guerra, que esa tarde exhibieron los pistoleros de ‘Los Chapitos’, es el resultado de las guerras que desde la década de 1990 encabezó y ganó su padre. Derrotó a los Arellano Félix, al cartel de Juárez, a los del Golfo, a Los Zetas, a sus primos los hermanos Beltrán Leyva y les heredó a sus hijos una feroz batalla contra el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que surgió como un brazo armado suyo en Veracruz que se autodenominaba como ‘Los Mata Zetas’.

“Ellos controlan todo el estado”, advirtió el agente de la DEA, Víctor Vázquez, al relatar en el juicio de ‘El Chapo’ Guzmán cómo lograron recapturarlo en 2014 sin notificarle a militares, policías y políticos locales.

Tan delicada es la situación en Sinaloa, afirmó Vázquez, que para preparar el operativo con un comando de élite de la Marina mexicana, tuvieron que establecer un centro de operaciones en otro estado, Baja California Sur. Dijo que no se sentía seguro, aunque lo acompañaban unos 100 efectivos de la SEMAR.

“Si vas al área que controla el cartel más poderoso del mundo no puedes establecer una base para obtener información. No es posible”, explicó el oficial en el tribunal neoyorquino. “No puedes confiar en nadie, ni en policías ni militares en esa ciudad, en ese estado”, agregó Vázquez.

Esa vez, la DEA y la Marina mexicana le seguían los pasos a ‘El Mayo’, pero él ya había escapado cuando llegaron en helicópteros artillados a un rancho en el este de Culiacán. Luego se enfocaron en otro objetivo, ‘El Chapo’. Lo siguieron por varias casas que tenían túneles secretos, hasta que lo encontraron en un edificio de condominios en Mazatlán. Lo cuidaban dos patrullas de la Policía municipal. En Culiacán marcharon para protestar por el arresto del mafioso, alegando que su dinero se usaba también para causas benéficas.

Un año después, Guzmán escapó a través de un túnel que llegaba hasta su celda en la prisión de El Altiplano y fue arrestado por tercera ocasión en Los Mochis en enero de 2016. Al año siguiente lo extraditaron. En febrero, un jurado lo encontró culpable de narcotráfico, lavado de dinero y armas de fuego. Desde julio purga una condena a cadena perpetua en una celda aislada dentro de la prisión más segura de EEUU.

La justicia estadounidense lo presentó como un asesino sanguinario, un delincuente que se enriqueció a costillas del sufrimiento de miles y hasta como un depredador de niñas. Pero el día en que lo sentenciaron a pasar el resto de su vida en una cárcel, en la sierra de Sinaloa algunos lo seguían defendiendo.

“Ayudó a mucha gente”, afirmó el 17 de julio un residente de Badiraguato, como si su comunidad hubiese perdido a su principal benefactor, a un héroe que solo hizo el bien. “¿Qué vamos a hacer?”, preguntó.

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