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Arturo Beltrán Leyva, imágenes de una brutal cacería teñida de fe y sangre…

Aquella noche del 19 de diciembre de 2009 se marcaba el fin de un imperio en el narcotráfico mexicano, una de las primeras frases que dejó claro el entonces presidente de México Felipe Calderón.

Arturo Beltrán Leyva, imágenes de una brutal cacería teñida de fe y sangre...

Es que iba a combatir al narcotráfico durante su sexenio y la mejor muestra de eso fue la muerte de Arturo Beltrán Leyva en Cuernavaca, Morelos.  La noche del 16 de diciembre de 2009 luego de varias horas de una intensa lucha armada entre las autoridades mexicanas y los trabajadores del Jefe de Jefes, culminó con la muerte del capo a las afueras de su departamento dentro del edificio Elbus.

Tres días antes de la muerte de Arturo Beltrán Leyva, desde el miércoles 16 de diciembre, el fraccionamiento Altitud ubicado en la zona residencial de Cuernavaca, Morelos, fue un auténtico campo de batalla entre sicarios y elementos de la Secretaría de Marina (Semar).  De acuerdo con El Debate, los marinos se encargaron de terminar de una vez por todas la búsqueda de Arturo Beltrán Leyva, pues la DEA ya les había echado la mano con su localización.

Proceso informó que una de las cinco personas detenidas durante el operativo en el fraccionamiento Altitud declaró que Arturo Beltrán Leyva ya había sido informado de algunos movimientos extraños en las cercanías de su lujoso departamento, pero nunca dudó de su gente.

Llegó la noche de ese 19 de diciembre y tras varias horas de intercambiar balas, los elementos de la Semar llegaron al departamento de Arturo Beltrán Leyva y abrieron fuego contra los inquilinos.

Luego de confirmarse la muerte del Jefe de Jefes, los medios de comunicación mostraron el final del capo y la manera en la que quedó su ‘humilde morada’. Varios reportajes destacaron que en elbolsillo de Beltrán Leyva había estampas religiosas, escapularios chinos y bolsas de santería dentro de su pantalón.

Una vez que iniciaron con las investigaciones, la Policía Federal, la Semar y otras organizaciones iniciaron la búsqueda de objetos importantes dentro del hogar del Jefe de Jefes.

En los sillones de la sala había una bolsa de plástico con cartuchos para cuerno de chivo, un collar de santería, tres rifles de asalto y dos pistolas de alto calibre.

En la recámara de Arturo Beltrán Leyva quedaron juguetes de niño, una Biblia lujosa, un libro traído de Europa, imágenes religiosas y un rosario. En su armario quedaron colgados varios pantalones de la marca Hugo Boss, además de unas botas de piel de cocodrilo.

Milenio Noticias informó que en el lugar fallecieron el capo y sus guardaespaldas, quienes quedaron tendidos en la sala, otro en la recámara y el cuerpo de un joven quedó inerte en el patio de la parte inferior del edificio tras lanzarse de la ventana.

Mientras tanto el cuerpo de Arturo Beltrán Leyva estaba lleno de balas; su escapulario que rodeaba su cuello que se llenó de sangre.

Aquella noche falleció un total de cinco sicarios además del Jefe de Jefes, dejando así una de las marcas imborrables que tuvo el sexenio de Felipe Calderón contra el crimen organizado.