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Seguro de vida, las humildes tumbas que los capos narcos compran al por mayor para sus sicarios

Antes de ser detenido en Holanda, en 2014, José Rodrigo Aréchiga Gamboa, alias “El Chino Ántrax”, líder de la célula del Cártel de Sinaloa llamada “Los Ántrax”.

Seguro de vida, las humildes tumbas que los capos narcos compran al por mayor para sus sicarios

Había pactado en el popular cementerio Jardines del Humaya, en la ciudad de Culiacán, Sinaloa, la compra de 40 lotes sencillos para garantizar que sus pistoleros tuvieran un lugar donde ser sepultados en caso de morir en algún tiroteo.  Fue arrestado sin finiquitar la compra, pero así como él, cuando se avecinan los “días de combate”.

Los líderes de los distintas células del Cártel de Sinaloa o de otros grupos delictivos con arraigo en el estado se anticipan a la muerte de su gente y compran docenas de lotes para que sean enterrados.  Quienes estudian la narco cultura aseguran que lo hacen porque es la única “prestación” o seguro que le pueden dar a su gente y porque saben que, al morir, sus familias generalmente quedan sin posibilidades económicas de pagar un sepelio.

Según trabajadores del cementerio, los terrenos se venden generalmente en bloques de tres, los espacios de cada uno son de 1,10 por 2,25 metros, aproximadamente, la medida exacta para un ataúd. Sus precios están entre 30.000 y 50.000 pesos (USD 1.593 a 2.656).

“Ya hay como 100 vendidos, tenemos que seguir abriendo huecos todavía más para allá”, comenta un albañil señalando hacia una zona despoblada que rodea al famoso cementerio.

“Hay muchos que duran años solos, ahí nada más el hoyo, pero luego se empiezan a llenar y luego ya no entierran a nadie y después otra vez se empiezan a llenar o se piden más”, explicó.

Juan Carlos Ayala, investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) explicó que fue a partir de 2008, cuando el Cártel de los Beltrán Leyva se separó del de Sinaloa, que se empezaron a comprar lotes por adelantado en espera de que el enfrentamiento entre los dos grupos dejara un número importante de muertos.

Algunas de las tumbas no tienen nombre, sólo están cubiertas por una plancha de cemento, pero las que sí tienen información son principalmente de jóvenes menores de 30 años y muertos a partir de 2010.

Entre los sicarios famosos que están enterrados aquí se encuentra Melesio Beltrán Medina “El Mele”, asesinado en 2014, que era uno de los brazos operativos del Ismael “El Mayo” Zambada.

¿Por qué es importante la última morada?

“Los sicarios son familia del cártel. La muerte y pronto es lo más seguro. Lo único que les pueden garantizar es que su cuerpo no va a desaparecer o va a quedar sin reconocer como pasa en las fosas clandestinas. Por eso, inmediatamente después de un enfrentamiento lo primero que hacen es tratar de recuperar los cuerpos”, dijo a InfobaeAinhoa Vázquez, profesora de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Un ejemplo del compromiso de los capos con su gente se vivió en 2015 cuando en medio de la persecución de la que era objeto, Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera envío una corona monumental de flores a la tumba de Ricardo Adrián Arellano Noriega, “el Perrillo”, que había sido su chofer, después de haber sido asesinado a tiros por dos hombres.

El arreglo de rosas rojas contrastaba con la sencillez de la tumba en la que fue enterrado el hombre, que tenía 25 años.

Pero su caso no es el único. Las sencillas tumbas de los empleados del narco contrastan con los impresionantes mausoleos de sus jefes construidas como materiales como mármol, cantera, clima artificial, cámaras de seguridad y en algunos casos hasta cristales blindados.

Algunos mausoleos, como el de la esposa e hijos de Héctor “El Güero” Palma, viejo aliado de “El Chapo”, tienen un valor aproximado al medio millón de dólares.

Para los sicarios sólo hay una tumba de cemento, que si su familia tiene los recursos pone una cruz con su nombre o la adorna con pasto artificial, flores o cubre con algún otro material. La mayoría tiene fotografías de quienes ahí descansan, ya sea en lonas de plástico, en fotocopias o imágenes pegadas.

Pero también, según los académicos, aún en la muerte se deben respetar los rangos. Por eso, nunca un sicario tendrá una tumba mejor o similar a la de sus jefes, así haya hecho una gran fortuna.

Ante la pregunta de si no sería menos costoso y más discreto cremar los cuerpos y depositarlos en nichos, la académica de la UNAM responde que la idea que los narcotraficantes tienen de la muerte está muy ligada a la religión católica y en la creencia de la resurrección.

“Los jefes de los cárteles se preocupan porque es parte de lo que prometen cuando te alienas al cártel. Te prometen que no solo se van a preocupar por ti mientras vivas sino también de tu muerte. Están muy ligados a la religión católica, y los cuerpos no se creman porque esperan la resurrección”, explicó.

El célebre cementerio fue construido en 1966 y se ha hecho famoso a nivel internacional por sus extravagantes mausoleos en los que están enterrados narcotraficantes de distintos cárteles.

Aquí yacen los restos de capos legendarios como Arturo Beltrán Leyva, “el Barbas”; Ignacio “Nacho” Coronel y la esposa e hijos de Héctor “el Güero” Palma.

En este cementerio fue enterrado también Manuel J. Couthier, ex candidato presidencial por el derechista Partido Acción Nacional, en 1988, quien murió el 1 de octubre de 1989 en un accidente de auto.

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