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De burdos criminales a falsos mitos, las grandes mentiras que nos contaron las narcoseries

No existe ficción sobre el narco que pueda superar argumentalmente la realidad en un país arrodillado por el crimen organizado.

En las narcoseries —un género televisivo que ha tomado un papel importante dentro de la comunidad latinoamericana—, basadas en hechos reales, siempre existen licencias creativas que buscan darle un toque de drama y ficción. Aquí algunos ejemplos.  Miguel Ángel Gallardo Félix, pionero del narco en México.

Narcos: México, la serie de Netflix producida por Carlo Bernard y Doug Miro, combina episodios de la vida real con numerosas reinterpretaciones de los hechos, una de ellas la imagen de Miguel Ángel Gallardo Félix, el “Jefe de jefes” y fundador del extinto Cártel de Guadalajara.

La serie presenta al capo como pionero en el tráfico de coca, la realidad es que Pedro Avilés, el “León de la Sierra”, jefe de Gallardo Félix, fue el primer narcotraficante de dicha droga, según registros periodísticos basados en procesos penales.

Miguel Ángel Gallardo Félix fue considerado como intermediario del cártel colombiano de Medellín para el envío de cocaína a Estados Unidos. El narcotraficante fue detenido en 1989 sin oponer resistencia en una lujosa villa de un barrio residencial de Guadalajara (Jalisco). Hoy pasa sus días casi ciego y sordo en una prisión de máxima seguridad.

Rancho El Búfalo. La finca de más de 500 hectáreas, donde Rafael Caro Quintero, el “Narco de narcos” sembró el más grande cultivo de marihuana sin semilla, estaba localizada en un punto estratégico en Chihuahua, fronterizo con Estados Unidos. La serie Narcos: México, sin embargo ubica el rancho en el estado de Zacatecas.

En 1984, este sitio fue detectado por los militares mexicanos con ayuda de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) y su agente Enrique “Kiki” Camarena, quien según en la serie se hace pasar por un jornalero.

La versión oficial indica que, Camarena se infiltró en el Cártel de Guadalajara como alguien interesado en asociarse con el negocio de la organización criminal. Más tarde desmanteló una gigantesca plantación de marihuana ubicada en el rancho del Búfalo.

En represalia, los narcos mexicanos lo asesinaron a él y al piloto con el que inspeccionaba los sembradíos de droga, Alfredo Zavala. Los informes revelaron que habían sido salvajemente torturados.

El “Azul”, el capo de la vieja escuela. En la serie producida Carlo Bernard y Doug Miro aparece Juan José Esparragoza, el “Azul”, el tercer pilar sobre el que se asentaba el Cártel de Sinaloa, como un policía integrante de la Dirección Federal de Seguridad que se va aproximando a Félix Gallardo, cuando en realidad él ya era reconocido como un capo del hampa, incluso como parte del grupo criminal que encabezaba Pedro Avilés, según declaraciones durante su juicio.

Su sobrenombre tiene que ver con la percepción de quienes lo rodeaban. El tono de su piel era tan oscuro que sus amigos decían que parecía azul. Perseguido por México desde 1998 y por Estados Unidos desde 2003, logró sobrevivir a varias generaciones de narcotraficantes que acabaron asesinado o en la cárcel.

La venganza del “Güero” Palma. Al final de Narcos: México, Miguel Ángel Gallardo Félix, interpretado por el actor Diego Luna, de 41 años, envía una caja a su cómplice, el gobernador de Sinaloa, Rodolfo Sánchez, con la cabeza de su hijo. Aunque este homicidio sí ocurrió, habría sido ordenado por Héctor el “Güero” Palma, reportó la entonces Procuraduría General de la República.

El “Güero” buscaba vengarse de Félix Gallardo por el brutal asesinato de su esposa y sus hijos, por lo que se dedicó a matar a los allegados del “Jefe de Jefes”.

Joaquín el “Chapo” Guzmán, el narco “bueno”. La vida del capo de Sinaloa ha sido objeto de reportajes, películas y series de televisión. El Chapo, la serie producida por Netflix, es un repaso por los capítulos más recordados de su vida: desde sus inicios en el seno de una familia de campesinos en el noroeste de México, su ascenso a la cúpula del cártel de Sinaloa y sus fugas de la cárcel.

La producción, como la biografía del Chapo, está plagada de detalles que siguen construyendo el mito de un hombre que dirigió México con la ley de plata o plomo desde finales de los ochenta hasta 2016, el día de su aprehensión en el país.

La otra cara, la que casi no se aprecia en la serie la cuentan y reclaman las miles de víctimas que dejó el fundador del Cártel de Sinaloa, hoy sentenciado a cadena perpetua en Estados Unidos .

Amado Carrillo, el “Señor de los cielos”. La serie El Señor de los Cielos producida por Telemundo y protagonizada por el actor Rafael Amaya es un híbrido entre la realidad de los narcos en México y el drama. Pese a que utiliza el mote de uno de los legendarios capos mexicanos —Amado Carrillo Fuentes, el “Señor de los Cielos”, fundador del Cártel de Juárez— la historia de esta serie es una mezcla de varios personajes del hampa de México, refiere Amaya.

Su guionista ha querido dejar en claro que los narcos tienen el castigo por vía de la justicia real o poética de sufrir una pena en una cárcel, o peor, al no tener nunca la felicidad que creían estar buscando.  Amado Carrillo Fuentes, uno de los narcotraficantes más temidos de México, murió en 1997 de un paro cardiaco mientras se recuperaba de una liposucción y una cirugía facial.

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El “Señor de los Cielos” como se le conocía popularmente por su capacidad de emplear grandes aviones para transportar la coca, pretendía modificar su fisonomía para huir del cada vez más estrecho cerco policial.