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Sobredosis y fentanilo, el rostro de la muerte en calles de Tijuana

TIJUANA.- «Yo me doblé tres veces», dice Karla, una consumidora de heroína y habitante de zona norte, una popular colonia de Tijuana.

Sobredosis y fentanilo, el rostro de la muerte en calles de Tijuana

Que concentra migrantes deportados o en tránsito, vendedores de droga, personas sin hogar, bares y prostitución.  Se refiere a que sufrió sobredosis, la más reciente hace menos de una semana. Casos como el suyo se han vuelto más frecuentes en esta parte de la ciudad ubicada junto al cerco fronterizo.

Todavía bajo los efectos de la adormidera, Karla platica parada junto a Prevencasa, una clínica comunitaria que además de dar servicios de salud sin costo, intercambia a los consumidores sus jeringas usadas por nuevas.  Ese centro es el que ha notado el incremento de sobredosis y, en un estudio realizado junto al Instituto Nacional de Siquiatría, encontró restos de fentanilo en un 93% de las jeringas usadas que analizó.

«Entre los que no informaron uso de fentanilo hubo una percepción general de que la heroína se había vuelto más potente y había causado más casos de sobredosis», indicaron los investigadores.

El informe, publicado en diciembre de 2019, dice que los vendedores estarían mezclando el fentanilo con la heroína blanca conocida como «china white», más fuerte y ahora con mayor presencia que la goma negra tradicional, sin que los consumidores lo sepan.

Y la droga evidentemente está en la ciudad, porque autoridades federales han reportado decomisos en el área de carga del aeropuerto internacional. El 17 de diciembre de 2019 fueron 131 ampolletas con valor de más de 436 mil pesos que estaban ocultas en un supuesto complejo vitamínico y en enero de este año fueron aseguradas otras 28 ampolletas.

NALOXONA, EL SALVAVIDAS

Alfonso Chávez, coordinador del programa Reducción de daños en Prevencasa, comenta que hace un lustro las sobredosis eran eventuales, pero recientemente han atendido con naloxona hasta cinco en un día.

«Al final, la gente va a consumir lo que está en las calles y lo que el narcotráfico les ofrezca», dice el joven oriundo de la misma colonia zona norte que conoció la heroína a los siete años de edad, viendo cómo su tío la consumía.

Un criterio abierto en su casa y los estudios universitarios lo sostienen hoy en la idea del derecho de cada persona a elegir lo que quiere hacer con su cuerpo, y a hacerlo de forma segura.

Viste una playera negra que tiene estampado un corazón verde lleno de pequeñas imágenes de otros psicoactivos y la leyenda descriminalización.

«Es un medicamento costoso. Ni siquiera el Hospital General tiene, aunque está dentro del cuadro básico», comenta en referencia a la naloxona con la que contrarrestan la sobredosis y que Prevencasa obtiene gracias a donaciones.

Karla y Víctor, otro consumidor de heroína, conocen el medicamento como «salvavidas». El paquete que reciben incluye una solución inyectable, otra para aplicar nasalmente y un instructivo.

LOS TIPOS DE HEROÍNA

Víctor, de 41 años de edad y deportado en 2012, cuenta que desde hace tiempo no ha tenido una sobredosis, pero conoce bien el ambiente del consumo en la zona.

Cuidando a la distancia sus pertenencias tiradas en la banqueta, entre las que están sus jeringas o «cuetes», comenta que ahora es más común encontrar heroína blanca que negra.

Para reducir la somnolencia de la «china white», los adictos la mezclan con «cristal» que es un estimulante. Lo llaman «speedy» o «vaquero», pero nada sabe de la presencia de fentanilo.

«Yo escuché alguien que dijo que tenía ese jale. Pero ¿cómo puedes saber si algo tiene ese?», pregunta. Cuenta su historia y cuando regresa a revisar sus cosas ya le robaron «el cuete».

Con voz casi infantil Karla le comparte uno de los suyos; está nuevo. Él se sienta junto a Prevencasa y come frijoles con tortillas de un plato de unicel.

Alfonso cree que esta comunidad, que habitualmente ronda la canalización del río Tijuana y vive en sus compuertas o debajo de los puentes para evitar a la policía, no es la única que está en riesgo.

La asociación ha capacitado a paramédicos de Cruz Roja e incluso les ha facilitado naloxona para responder en caso de emergencia.

Y aunque no siempre pueden acudir por la prevalencia de reportes sobre personas baleadas que tiene a la ciudad como la más violenta del país, también han notado el problema.

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Juan Carlos Méndez, coordinador de socorrismo en la institución, menciona que años anteriores atendían entre 220 y 250 casos de sobredosis en toda la ciudad, pero en 2019 se elevaron a 350 y la mayoría fueron por opiáceos.