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El día que un halcón de los Caballeros Templarios salvo a 5 niños levantados para el Tráfico de Órganos

Antes de que comiences la lectura debemos aclararte que de ninguna manera apoyamos a los Carteles, mucho menos las acciones de los Caballeros Templarios en Michoacán.

El día que un halcón de los Caballeros Templarios salvo a 5 niños levantados para el Tráfico de Órganos

Pero esta es una anécdota dominguera que debe contarse en nuestra sección de Historias del Narco, dicho esto, así fue y así paso.  La Coquena (batalla de Las Tres Marías) La Coquena era un muchacho entre 20 y 22 años, originario de Tepalcatepec, que había vivido enfermizo y en la extrema pobreza.

Debido a la gran escasez de fuentes de empleo y lo precario de la economía de la región, en los últimos doce años consiguió trabajo como “punterillo” de los sicarios del cártel, y posteriormente ascendió al nivel inmediato superior, es decir, se “graduó” de halcón.  La Coquena este muchacho siendo halcon de los Caballeros Templarios ya había hecho algunas acciones heroicas para bien de algunas familias.

Resulta que en noviembre de 2012, una noche que le tocó a él estar de guardia (halconeando) por el libramiento de Tepalcatepec donde se divide el canal que viene de la presa de Chilatán, por el rancho que era de El Charro, La Coquena y su esposa detuvieron a una camioneta tipo van, marcándole el alto a las dos de la madrugada (no era hora apropiada para circular, sólo ellos podían circular a esa hora).

Le preguntaron a dónde se dirigían y la respuesta no fue la apropiada (el conductor iba acompañado de una dama a la que presentó como su esposa), contestando que iba a La Isla.

En Tepeque y sus alrededores no existe ninguna isla o lugar conocido de esa manera; la más cercana es la isla de La Palma y El Cayacal, en Lázaro Cárdenas. La camioneta tenía placas del Distrito Federal, lo que también llamaba la atención, ya que todos los sicarios del cártel de Michoacán traen vehículos del año, de los más recientes y con placas de Michoacán o sin placas, ya que sólo duran con ellas uno o dos meses antes de deshacerse de ellas o quemarlas.

El conductor y su acompañante dijeron que venían de Morelia por la libre y que se dirigían a La Isla, y que llegando al libramiento de Tepeque se declararon totalmente perdidos.

Mientras la esposa de La Coquena encañonaba al conductor y a su acompañante, La Coquena procedió a revisar la camioneta; en la parte de atrás encontró un cajón frigorífico grande, cerrado con candados y conectado a la corriente de la camioneta. Bajó al chofer y le pidió que lo abriera para revisar, ya que en su interior la van estaba sucia y llena de manchas de sangre por todos lados, y además, pestilente.

Cuando abrieron el cajón se encontraron a cinco niños de entre siete y nueve años de edad y de ambos sexos, envueltos en cobijas, amoratados por el frío, todos con el mismo tipo de uniforme, quizá por ser del mismo colegio.

La Coquena avisó a su jefe de plaza para que éste, a su vez, les informara a los altos mandos para saber si no era un “encarguito” para los rituales de El Chayo o de El Plancarte.

La respuesta fue clara: “No es uno de nuestros negocios ni de nuestros asuntos”. De los cinco niños, una niña fue la que empezó a hablar y se sabía el teléfono de su mamá.

La Coquena y su esposa localizaron a los papás de los niños en la Ciudad de México y estos los fueron a recoger a Tepeque. De la pareja que los traía, jamás nadie supo nada; dicen las malas lenguas que se fueron a darle de comer a las “chopitas”, a la presa Chilatán.

Después, con las investigaciones, se supo que esta pareja se robaba a los niños de colegios para venderlos en partes. Ese pedido lo entregarían a su comparador en la isla de La Palma, en el depósito de contenedores de barcos del puerto Lázaro Cárdenas.

La mamá de la niña explicó que durante dos meses la pareja hizo una promoción promoción de un fin de semana gratis en la playa a los niños que sacaran calificaciones altas, ése fue el gancho. Pero se equivocaron de carretera en Cuatro Caminos; en vez de irse por Arteaga se vinieron para Tepeque.

Todo el pueblo le reconoció a La Coquena esa buena acción cuando se le perdonó en nuestro levantamiento social. Volviendo al tema de La Coquena, él estuvo tranquilo los dos primeros meses. Por desgracia para él, en en la batalla de Las Tres Marías él llegó encabezando la caravana de ataque por parte de los sicarios. Además, se bajó de la unidad en que llegó echando metralla a la barricada y gritando: “Ahora sí se los llevó la tiznada, pinches vacas blancas, hijos de su p… m…”.

A las autodefensas de Tepeque nos decían las “vacas blancas”, ya que el movimiento social nació en los corrales de la sociedad ganadera de Tepalcatepec, y además todos traíamos camisas blancas con nuestra leyenda de lucha.

Recogimos a todos nuestros caídos en esa escaramuza y en esas barricadas. Pero el cadáver de La Coquena nadie lo quiso tocar, hasta que el Ministerio Público (MP) diera fe del cuerpo y autorizará el levantamiento.

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Ninguna policía estatal, ningún agente del MP de Tepeque, Buenavista o de Apatzingán quisieron ir por el cuerpo. El papá de La Coquena nos pidió permiso para recoger el cuerpo, velarlo y darle cristiana sepultura.