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Así era la vida Arturo Beltrán Leyva, su muerte es el costo de la tranquilidad para todo Morelos

Los sicarios de Beltrán Leyva le ayudaban a las autoridades de Morelos a hacer su trabajo, pues si encontraban a un ladrón se lo entregaban a los policías».

Así era la vida Arturo Beltrán Leyva, su muerte es el costo de la tranquilidad para todo Morelos

«De vez en cuando aparecían hombres muertos con una cartulina que decía “me mataron por robacoches. Atte el jefe de jefes”. Por absurdo que parezca, estudiosos de la seguridad pública y servidores públicos coinciden en que los homicidios dolosos (ejecuciones) en Morelos se incrementaron a partir de que Arturo Beltrán Leyva, líder del cártel de «Los Beltran Leyva», (organización que controlaba el narcotrafico en Morelos y Guerrero) fue abatido el 16 de diciembre de 2009. Es decir, que la estabilidad social de nuestra entidad dependía de un delincuente.

¿Cómo era la vida en Morelos durante el reinado de “El jefe de Jefes”?  El expediente PGR/SIEDO/UEIDCS/166/2009 al que éste columnista tuvo acceso, aporta algunos datos que nos dan una idea de por qué había una relativa tranquilidad en Morelos y los índices de delitos comunes también estaban bajo control.

A través de las declaraciones de los detenidos, se establece un escenario según el cual, la organización de los hermanos Beltrán Leyva tenía bajo sus órdenes a policías de casi todos los municipios, así como a los ministeriales, preventivos estatales y lo que alguna vez se conoció como “federales de caminos”, e incluso miembros de la 24ava. Zona Militar a cargo del general Leopoldo Díaz Pérez.

Con pagos de mil 500 hasta dos mil dólares mensuales, los narcos podían transitar libremente por territorio morelense.

“Para la Secretaría de Seguridad Pública trabajábamos como aviadores, es decir, sólo firmábamos y cobrábamos; todo estaba arreglado por el subdirector de Seguridad Pública, con clave Hierro, de nombre Raúl Díaz Román, y también el subsecretario de Seguridad Pública, Said Viana Valenzuela, y el secretario de Seguridad Pública, Francisco González”, dice la declaración del ex policía Mario González Gaspar, alias “El negro”, rendida ante el agente del Ministerio Público Federal adscrito a la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada, aunque habría que aclarar que después lo negó y se dijo torturado.

Refiere que los primeros en integrarse a la organización de los Beltrán Leyva fueron Esteban Royaceli Linares, Manuel Alejandro Briones, Martín Rosas, Iván Rodríguez y Sergio Ramírez, además del propio González Gaspar, quienes se entrevistaron con Francisco Camacho, jefe de seguridad de Mario Pineda Villa, alias “el MP”

Ahí acordaron que recibirían mil 500 dólares mensuales por estar al servicio de la organización. Les proporcionaron una camioneta Toyota color verde y desempeñaban prácticamente el mismo trabajo que los policías, sólo que al servicio de “la maña”, teniendo como objetivo principal el detectar retenes u operativos de la Policía Federal o el Ejército, lo que entre ellos se conoce como “halcones”.

En ocasiones, relata el hoy detenido, la camioneta Toyota hacía recorridos, siempre seguida por la patrulla 2816.

Posteriormente, en enero del 2008, son contratados por “El MP” para cuidar las casas de la organización ubicadas en diferentes lugares de Cuernavaca. “Ahí estábamos vestidos de civil pero armados con las armas de cargo de la corporación”, dice la declaración.

La impunidad era total porque, según el declarante, prácticamente todas las corporaciones estaban compradas. “También estaba con la organización el secretario de Seguridad Pública del Estado, el comandante Vaca, no me acuerdo de sus apellidos, y el comandante de la región Cuernavaca, el comandante Lobato; decían que también estaba arreglada la Ministerial y la Policía Federal de Caminos”, agrega.

Dice que tenían una clave que tenían que decirla en caso de ser detenidos por la Federal de Caminos. Primero era “mecánico hidráulico Bimbo”, y después cambió a “Soy de Capufe”, pero después, además de la clave, la información era confirmada vía telefónica.

Sin mencionar la fecha, señala que hubo un tiempo en el que se desató una guerra entre los Beltrán Leyva y los zetas por el control de la plaza de Cuernavaca, lo que ameritó que llegara gente de otros lugares para “patrullar” la capital de Morelos y su zona conurbada, al grado de dividir la ciudad en sectores y así evitar que otros carteles vendieran droga en lo que consideraban su territorio.

“En el mes de diciembre del 2008, el único evento más importante que recuerdo es que veníamos el día 24 de diciembre que venimos a darle seguridad a la casa del señor en avenida Morelos centro, con avenida Fabela (sic) y Avenida Alvaro Obregón en una posada u hotel que había rentado el patrón. Ahí estuvimos cuidando la fiesta, dando seguridad. A mí y mi grupo nos tocó en la parte de abajo, estábamos en la avenida Alvaro Obregón, éramos como veinte elementos, todos armados, ahí no hubo novedades, estaban resguardando el evento patrullas de la Policía Metropolitana de Cuernavaca”, dice textualmente la declaración ministerial.

Como podemos observar, los policías de Cuernavaca estaban felices, pues cobraban su sueldo en la corporación y mil 500 dólares mensuales en una casa de la calle Copalhuacán, esquina con calle del Arco.

Pero además, los sicarios de Beltrán Leyva les ayudaban a hacer su trabajo, pues si encontraban a un ladronzuelo se lo entregaban a los policías, y si los policías agarraban un “tirador de coca”, se lo entregaban a los narcos.

Era tanto el poder del capo que no tenía competencia, y cuando alguno de sus subordinados “calentaba la plaza” ordenaba su ejecución, tal como ocurrió con los hermanos Pineda Villa, quienes ordenaron el asesinato del subprocurador Andrés Dimitriadis. De vez en cuando aparecían hombres muertos con una cartulina que decía “me mataron por robacoches. Atte el jefe de jefes”.

“Don Arturo” vivía a espaldas del Hotel Las Quintas donde hoy es la oficina del DIF, en tanto que Edgar Valdez “La Barbie” tenía su rancho en Atlacholoaya. Los Pineda Villa (cuya hermana se casó con el alcalde de Iguala) rentaban una casa en Reforma, a unos metros de la casa de gobierno.

Pero alguien (suponemos que el presidente Felipe Calderón) ordenó la captura “vivo o muerto” de Arturo Beltrán Leyva. Abatido el capo de capos, muchos de sus lugartenientes quisieron ocupar la jefatura de la organización y comenzaron a pelearse entre ellos por el control de la plaza que abarca Morelos, Guerrero y parte del estado de México.

También llegaron gente de “La Familia Michoacana”, “Los Rojos”, “Guerreros Unidos”, “cartel del Golfo” y varios grupos más.

Según ésta hipótesis, la violencia (y la inseguridad en general) disminuirá cuando surja un nuevo “jefe de jefes” con el poder suficiente para articular una sola organización con mando vertical, y con el suficiente dinero para comprar a las autoridades de Morelos.

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Mientras eso sucede, los narcos en Morelos seguirán matándose y las calles estarán bañadas de sangre.