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La macabra verdad detrás de los cuerpos “encintados” de las víctimas del narco

Las notas periodísticas sobre cuerpos o pedazos de cuerpos “encintados”, como se les llama comúnmente son algo cotidiano.

La macabra verdad detrás de los cuerpos “encintados” de las víctimas del narco

Principalmente en los lugares con actividad del narcotráfico.  Hace más de una década era común encontrar que los asesinados por los distintos grupos delictivos aparecieran con cinta en la boca o atados de manos y pies con el mismo material, la conclusión lógica era para que no gritaran y no se movieran.

Sin embargo, hace unos años con la aparición de cárteles como Los Zetas y el Jalisco Nueva Generación (CJNG) que se distinguen por romper los viejos códigos y llevar la crueldad al extremo, el fenómeno de los encintados se empezó a dar con mayor frecuencia.

En la nueva época del narco en México, se empezó a presentar el fenómeno de pedazos de cuerpos que también aparecían envueltos con algún tipo de cinta, principalmente con cinta plateada de vinil.

Aunque el término “encintados” se empezó a usar porque en un inicio la cinta canela era la utilizada por estos grupos criminales.

Parte del debate se enfocó en si a través de esta forma de abandonar los restos humanos, las distintas organizaciones criminales intentaban enviar un mensaje a los grupos rivales, sin embargo, para los especialistas en temas de seguridad, la explicación es menos compleja.

Después de torturar o mutilar a una víctima, si la envuelven en cinta “es más fácil de transportar, no suelta fluidos y no tienes por qué verla”, explicó a Infobae México Alexei Chevez, consultor en temas de seguridad.

“Es más fácil de cargar y trasladar que si lo hicieras con el cuerpo suelto, hasta donde sé es sólo un tema práctico”, dijo.

Para Carlos Rodríguez Ulloa, investigador del Colectivo de Análisis de la Seguridad con Democracia A. C. (CASEDE), tampoco hay más mensaje detrás de esta práctica ni en el color de cinta en el que aparezcan envueltos los restos, ya que los grupos delictivos pueden usar cinta canela, de vinil o la cinta de cuerpo que se usa también para fines estéticos.

“Es por como manipulan los cadáveres, no hay más mensaje”, reiteró Ulloa a Infobae México.

Las prácticas del narco se han vuelto más crueles en la medida que se fragmentan los grupos delictivos, ya que la guerra por el territorio y el mercado se hace más intensa.

El fenómeno empezó a extenderse a principios de los noventa con el cártel del Golfo, que comenzó a practicar la decapitación al reclutar a grupos de kaibiles guatemaltecos, un grupo de militares de élite, quienes la introdujeron a México.

Lo anterior se deduce ya que la mayoría de las decapitaciones entre el crimen organizado se realizan con la llamada técnica de la daga kaibíl.

Para decapitar a personas vivas es muy común la sierra Giggit, aunque también suele usarse el alambre con púas en sus bordes que hace las veces de sierra.

“Se coloca a la víctima de rodillas, le circundan el cuello con el alambre y poco a poco lo van apretando con un torniquete, que puede ser un palo o un tubo”, documentó el investigador y criminólogo Enrique Zúñiga Vázquez, autor del estudio “Decapitados y narcomensajes: el lenguaje del crimen”.

“La decapitación siempre ha tenido un simbolismo que va de lo mitológico, como el mito de la cabeza de Medusa, a lo ritual, como las cabezas que cortaban los aztecas y colocaban en sus altares llamados tzompantlis”, señala el estudio “Decapitados y narcomensajes: el lenguaje del crimen”, realizado por Nelson Arteaga Botello, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).

Afirma que las decapitaciones en México parecen “indicar la presencia de cuerpos de élite especializados en el ejercicio de la violencia y la crueldad”.

Para los estudioso del tema, las decapitaciones y la mutilación de cuerpos se ha convertido en una cruel forma de mandar mensajes entre los distintos grupos de la delincuencia organizada.

Desde el año 2006, las decapitaciones se convirtieron en un método aún más recurrente de los cárteles del narcotráfico para sembrar terror en los territorios que dominan. La normalización de esta práctica coincide con el inicio de la llamada guerra contra el narco emprendida por el entonces presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa y que terminó este año con la declaración del mandatario Andrés Manuel López Obrador con el mensaje de que era momento que el país empezara a transitar hacia la paz.

En el pasado, las decapitaciones estuvieron restringidas a un sector de la sociedad que parecía ajeno al resto de los mexicanos como lo fue el caso de la esposa de Héctor El Guero Pälma Salazar, del cártel Sinaloa, o el de la cabeza que fue abandonada en la tumba del narcotraficante Alfredo Beltrán Leyva.

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Sin embargo, en este último caso, según los expertos, se puede interpretar como una ofrenda y no como una revancha.