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Así fue El último viaje de José Rodrigo Aréchiga Gamboa el ‘Chino Ántrax’

José Rodrigo Aréchiga Gamboa era el último Ántrax que quedaba porque él se consideraba un Ántrax hasta por haberse inventado el nombre.

Así fue El último viaje de José Rodrigo Aréchiga Gamboa el ‘Chino Ántrax’

El resto, tal vez uno o dos pares de cientos de su banda, murieron en enfrentamientos con fuerzas federales o con las células armadas de Joaquín Guzmán Loera… y en los últimos años con las que comandan sus hijos. Y si andan por ahí dos o tres como el Changuito, el Cheyo, el Monkey, el Cali, ellos ya son otra cosa, integrados a otra estructura.

Nunca llegó a ser más que un pistolero. Cuidaba a la familia de Ismael Zambada García, el Mayo. Esa era su función. Tenía sicarios, punteros, halcones, cuidando las propiedades de la familia Zambada. Casas de seguridad, vehículos, armas, droga para “los plebes”, que siempre “tienen que andar al cien”.

Adoptó el nombre de Los Ántrax para simbolizar con ello su aparente letalidad. Mandó hacer o le hicieron corridos norteños que elevaron su figura mucho más allá de lo que realmente era y fue. No conformó un grupo profesional de sicarios ni sus manos se extendían por el mundo, como afirman algunas apologías de su trayectoria criminal. Por el contrario, fue muy culichi su influencia y los saldos nunca fueron buenos cuando trató de salirse de su zona de control. Ahí está la masacre de Tubutama, Sonora, en cuya balacera (2010) murieron varios de sus pistoleros en un enfrentamiento contra los Beltrán Leyva, una vez que estalló la guerra al interior del Cártel de Sinaloa.

De origen humilde como casi todos los pistoleros del narco, el Chino Ántrax no supo administrar el poder que tuvo; lo dilapidó en fiestas suntuosas, en parrandas interminables, en lujos extravagantes, en estridencias mediáticas utilizando las redes sociales, en champaña, ropa y calzado de marca, autos, viajes, armas chapeadas de oro, música viva hasta en su recámara… y mujeres. Lo que luego se llamaría la “farándula buchona” en Culiacán, se debe en gran parte a un personaje como el Chino Ántrax.

No tuvo límites porque aquellos que debía cuidar eran su tercio. Abundan las fotografías de él con los hijos del Mayo Zambada. Ismael Zambada Imperial, el Mayito Gordo, detenido en noviembre de 2014 por la Marina, no se perdía una de sus fiestas. Igual Serafín Zambada Ortiz, proclive también a los ambientes ruidosos y al narcoglamour.

Así fue El último viaje de José Rodrigo Aréchiga Gamboa el ‘Chino Ántrax’

Éste fue detenido en noviembre de 2013, en el paso peatonal de Nogales, Arizona, cuando pretendía cruzar la frontera junto a su esposa Karime Ellameli Torres Acosta, hija de Manuel Torres, el Ondeado, uno de los más sanguinarios narcotraficantes que ha tenido Sinaloa.

Y, ojo, Rodrigo Aréchiga Gamboa cayó cinco semanas después en Ámsterdam. Cuando el pistolero llegó al aeropuerto Schiphol ya lo estaban esperando agentes policiacos de ese país. Se identificó primero con un pasaporte a nombre de Norberto Sicairos García –que perteneció a un amigo de la banda que ya había muerto- pero la policía iba por él y logró identificarlo por quien realmente era.

Seis meses después, el Chino Ántrax fue extraditado a los Estados Unidos, donde fue procesado en una corte de San Diego. Pero el juicio se selló y solo se hicieron públicas la acusación y la sentencia, no los pormenores del caso.

El Chino llegó a acuerdos con la Fiscalía. Eso lo explica el hecho de que haya sido castigado con una pena mínima de siete años de prisión y de que lo hubiesen enviado a un confinamiento domiciliario. Según la acusación CR-4517-DMS, se le achacaron tráfico de drogas, metanfetaminas, mariguana y cocaína. Si se hubiera defendido y perdido en la corte, podía habérsele condenado a cadena perpetua. Pero se declaró culpable y luego pasó a colaborar con información, en calidad de testigo protegido. De ahí el privilegio de estar confinado en un domicilio particular.

Qué intereses afectó, de qué cártel, de cuál capo, eso solo lo sabían él y las autoridades norteamericanas. Hay en las cortes de los Estados Unidos decenas de acusaciones enderezadas contra muchos personajes del narco mexicanos y sinaloenses y de los cuales Aréchiga Gamboa tenía información precisa que pudo fortalecer los expedientes acusatorios de los gringos. De acuerdo a la sentencia, el Chino Ántrax hubiera salido de la prisión domiciliaria en marzo de 2021, es decir, a menos de un año de haberse fugado.

El último viaje

El Chino Ántrax se vino directo a Culiacán. No se sabe hasta ahora cómo llegó ni si estuvo escondiendo en otras casas. Lo cierto es que la noche del viernes 16 recibió la visita de decenas de sicarios que todo el día estuvieron vigilando la casa de Baltazar de Obregón 2804 –a una cuadra de Francisco I. Madero y a dos de la avenida Revolución, en la colonia Guadalupe Victoria–, desde una esquina en un auto compacto y desde la otra, unos tipos arriba de una camioneta de caja. Tenía varios días allí y hasta donde se sabe había visto a poca gente. Algunas fuentes afirman que ya andaba reclutando sicarios aunque no se sabe a ciencia cierta el propósito. También que contaba con decenas de millones (no se precisa si de pesos o de dólares) que “necesitaba mover”.

Las visitas llegaron pasaditas las 11:00 de la noche. No tocaron el timbre, hicieron sonar sus armas durante minutos en los que el barrio entró en pánico. Disparos, estruendos de granadas calibre 40, gritos. Tuvieron respuesta. Las paredes de una de las casas de enfrente tenían impactos de bala que una semana después apenas estaban siendo remozados. La puerta principal una vez librando las cocheras, tiene impactos de entrada y de salida, señal de que hubo resistencia.

El Chino no estaba solo: ya entrada la noche habían llegado a la casa su hermana Ada Jimena Aréchiga y su cuñado Juan García. Minutos después del arribo de los comandos, los dos hombres y la mujer fueron sacados a la fuerza y encaramados en los vehículos y se retiraron. Luego de minutos de un silencio atroz, 10, 20, 30, nadie sabe precisar, llegó el “gobierno”: policías municipales, estatales, Ejército… que solo tomaron nota e imágenes mientras hablaban y hablaban y hablaban por sus aparatos.

Considerando el punto donde fueron levantados y el punto donde los encontraron, los sicarios no les dieron muchas vueltas. La camioneta con los cuerpos fue hallada en el camino que sale de la carretera a Sanalona, –prolongación Francisco I. Madero—rumbo al poblado de Ayuné. Línea recta hacia un destino irrevocable: la muerte. Los tres estaban envueltos en cobijas, algo que poco se estila en las ejecuciones de ahora. El Chino con balazos en la cara que los artistas del Semefo trataron de distraer con sutura y maquillaje y que se aprecian en fotografías que días después circularon a través de cuentas de twitter.

Si traía Brazalete o no cuando se fugó, eso no lo quiso informar la US Marshall, encargada de la custodia de los prisioneros en los Estados Unidos y a la que Ríodoce preguntó. Tampoco dijo nada la DEA (Drugs  Enforcement Agency) porque desde que el Chino de fugó dijo que no hablaría del caso.

Agentes del FBI han estado en Culiacán disfrazados de agregados de cualquier cosa del algún consulado norteamericano, pero con ellos no se puede hablar. Raro que no haya venido la DEA. Hace poco aquí estuvo. Antes del llamado Culiacanazo, supervisando la destrucción de narcolaboratorios y prometiendo ayuda tecnológica al gobierno estatal para combatir al narcotráfico. O tal vez por eso.

Polvo de aquellos lodos

Los Ántrax nunca fueron una preocupación real ni específica para el gobierno mexicano, mucho menos para las autoridades de los Estados Unidos. Fueron una banda de cholos –el Chino empezó como cholo robacarros y grafitero en su juventud–, drogadictos y parias que armaron para contener y/o atacar enemigos y a las fuerzas policiacas. Muchos de ellos, cuando se desató la guerra de 2008, andaban arriba de las patrullas estatales con uniforme oficial y el rostro cubierto con pasamontañas. Algunos, por equivocación, fueron detenidos en los rondines de la policía y luego liberados hasta mediante el rescate a mano armada dentro de las corporaciones.

Casi todos murieron, algunos se fueron de aquí para salvar el pellejo y, los menos siguen activos dentro alguna estructura del Cártel de Sinaloa.

De los más relevantes, Rafael Guadalupe Félix Núñex, el Changuito, había sido detenido por la Marina en noviembre de 2014, pero se fugó en marzo de 2017 junto con otros cuatro reos del penal de Aguaruto, Culiacán, entre ellos un hijo de Juan José Esparragoza Moreno, el Azul. Sigue libre. Junto con él escapó también Jesús Peña, el Veinte, de mayor jerarquía y nunca ligado a las células de Los Ántrax.

René Velázquez, conocido como el Sargento Phoenix, fue muerto por el Ejército en octubre de 2016, durante un enfrentamiento en Culiacán. Allí mismo resultó herido José Carlos López, el Cali y después de haberse recuperado ya no se supo de él.

Otros de menor jerarquía murieron en enfrentamientos con las células de Joaquín Guzmán, desde que éste andaba todavía por aquí. Mientras él compartía el pan y la sal con su compadre Mayo Zambada, haciendo negocios juntos, en los pisos de abajo ardía el plomo. Ataques irracionales a multitudes en canchas de voleibol o en la calle a plena luz del día, dejaron regados pistoleros e inocentes, en una guerra que nadie nunca entendió.

José Miguel Arano Montaño, el Monkey, también fue detenido por la Marina, justo cuando aprehendieron al Changuito. Dos días antes habían detenido a Ismael Zambada Imperial en el Ranchito de los Burgos, una comunidad cercana a El Salado. Cuando aparecieron los tres cuerpos en la BMW, cerca de Ayuné, se dijo en un principio que uno de ellos era el Monkey.

Eliseo Imperial, uña y mugre del Mayito, estaba con él cuando llegó un operativo de la Marina. Pero a él no lo detuvieron. Se esfumó.

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En septiembre de 2016, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos boletinó a cuatro mexicanos por presuntamente dedicarse al tráfico de drogas y al lavado de dinero al servicio del Cártel de Sinaloa.

Uno de los señalados es Eliseo Imperial Castro, el Cheyo Ántrax.