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La historia de Fausto Soto cocinero personal de Benjamín Arellano “Comandante Mín”

La historia de Fausto Soto, En 1998 fue juzgado y condenado a 40 años de cárcel por delitos contra la salud; asociación delictuosa; y acopio y portación de armas de uso reservado al Ejército.

La historia de Fausto Soto cocinero personal de Benjamín Arellano “Comandante Mín”

Desde entonces está recluido en el Centro Federal de Readaptación Social Número 1 “El Altiplano”, conocido popularmente como «Almoloya”, por su ubicación en este municipio del Estado de México.  El camino que condujo a Fausto Soto Miller por la delincuencia organizada se concretó entre sartenes, estufas y mariscos.

Su caso ha sido polémico porque su defensa siempre presumió tortura por soldados del ejército mexicano para obtener información sobre el Cartel de Tijuana.  En 1992, Benjamín Arellano Félix emplearía a Soto Miller como cocinero personal. En ese entonces, ambos vivían en Tijuana, base de operaciones del cártel homónimo y una de las mafias más poderosas del continente Americano.

Por un sueldo de entre USD 1,000 y 1,500 mensuales, el cocinero pasaría a ser chef de la organización criminal, según testimonios ministeriales a los que accedió el periódico Reforma.

Diez años antes, en 1982, el cocinero habría conocido al “Comandante Mín” (alias de Benjamín) en Culiacán; pues el capo acudía a comer con su hermano Eduardo al restaurante de mariscos donde Soto Miller cocinaba. El local se ubicaría en la avenida Colón No. 577 de la capital sinaloense.

En Tijuana, el cocinero Soto Miller trabajaba en el restaurante “Boca del Río” cuando fue reclutado.

En ese establecimiento se servía el «Filete Especial a la Miller», según consignó el periodista Jesús Blancornelas del semanario Zeta.

“Era un restaurante de mafiosos”, refirió el periodista Jesús Blancornelas.

Después se sabría que “Boca del Río” fue adquirido por Jesús Labra, el “Chuy”, (operador financiero de los Arellano Félix), como regalo para Guillermo Salazar Ramos, comandante de la Policía Judicial Federal en el municipio bajacaliforniano.

El obsequio del “Chuy” Labra sería por los favores y protección al Cártel de Tijuana; de acuerdo con Guillermo Valdés Castellanos en su libro “Historia del narcotráfico en México”.

«Chuy» Labra fue detenido en 2002 y posteriormente extraditado a Estados Unidos donde cumple una pena de 40 años impuesta en 2008.

Mientras que en febrero de 2006, Salazar Ramos fue sentenciado a 15 años de prisión por ser responsable de delitos contra la salud en la modalidad de servidor público en funciones. El oficial permitió la transportación e introducción ilegal de cocaína y marihuana procedente de Colombia, según un comunicado de la entonces Procuraduría General de la República (PGR).

Fausto Soto Miller habría señalado que su contacto más antiguo con alguien de los Arellano Félix fue en 1973, cuando conoció a Eduardo. Este presunto encuentro ocurrió en el patio de la escuela Álvaro Obregón, cercano a la antigua Universidad Autónoma de Sinaloa.

Lo anterior se desprende de una declaración ministerial del 27 de septiembre de 1996 y que, según Soto Miller, firmó luego de ser torturado y bajo un proceso jurídico presuntamente irregular. Parte de la declaración fue publicada por el medio San Diego Reader en octubre de 1997.

En 1973, Eduardo Arellano Félix cursaba la secundaria y el futuro cocinero de mariscos tendría 12 años de edad y estudiaba el quinto grado de primaria, según lo publicado por San Diego Reader.

Eduardo sería el vínculo para que el cocinero accediera a la familia Arellano Félix. Según la declaración de 1996, Fausto reanudó su amistad con Eduardo en 1978; y en 1980 conocería a Francisco, el mayor de los hermanos.

Por la declaración oficial puede calcularse que Fausto Soto Miller habría nacido en 1961. Pero en la consignación de su sentencia, el periódico Reforma informó que el “Chef” tenía 40 años en 1998. De ahí su probable nacimiento en 1958.

Según esas versiones, el «Cocinero» tendría actualmente entre 59 y 62 años de edad.

Soto Miller fue vinculado con la ejecución del doctor Ernesto Ibarra Santés, subdelegado de la PGR en Tijuana. La emboscada a Ibarra Santés habría sido ordenada por los Arellano Félix, pues el agente declaró que estaba cerca de detener a los capos.

Ibarra Santés fue asesinado junto a tres personas mientras circulaba por la avenida Insurgentes de la Ciudad de México, el 14 de septiembre de 1996.

Nueve meses después, el 21 de junio de 1997, Reforma publicó que Ibarra Santés “formaba parte de la red policiaco-militar que protegía al narcotraficante Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos””.

Las acusaciones fueron de la misma PGR, que presentaba una grabación auditiva de 6 minutos y medio donde se escuchaba a Ibarra Santés en una conversación con el General Jesús Gutiérrez Rebollo, y en la que se referían a Carrillo Fuentes como el «amigo» que los presentó.

Gutiérrez Rebollo ya había sido destituido cuatro meses antes, en febrero, tras iniciarse una averiguación previa (SCGD/CG1/007/97) por encubrir al «Señor de los Cielos».

Junto con sus colaboradores, Horacio Montenegro Ortiz y Javier García Hernández; el “General de los Cielos” sería acusado por delitos contra la salud (en su modalidad de fomentar la transportación de cocaína), cohecho y contra la administración de justicia; reportó Reforma en aquel entonces.

Mientras cumplía su condena de 40 años, Gutiérrez Rebollo, ex Comisionado del Instituto Nacional de Combate a las Drogas, murió por problemas de cáncer en 2013, como reportó Infobae México.

Fausto Soto Miller cocinaría para Benjamín Arellano Félix hasta el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, ocurrido el 24 de mayo de 1993 en el estacionamiento del aeropuerto internacional Miguel Hidalgo y Costilla de Guadalajara.

Sería el “Chef” quien habría declarado expresamente la versión inicial apoyada por la PGR: que Posadas Ocampo murió víctima de un fuego cruzado en una confusión donde los Arellano Félix buscaban liquidar a Joaquín el “Chapo” Guzmán.

Así fue establecido en la causa penal 76/2000-III, llevada en el Juzgado Décimo en Materia Penal del Distrito Federal (hoy entidad federativa Ciudad de México) a la que Blancornelas accedió.

Tras ese evento, la presión por capturar a los Arellano Félix aumentó. Y el cocinero tuvo que mantener un bajo perfil, pues sus jefes eran identificados como los responsables de la muerte del religioso.

Desde 1993 y, hasta el 10 de marzo de 2002, la PGR había detenido a 46 presuntos integrantes del Cártel de Tijuana. Entre líderes, sicarios y operadores.

En julio de 1993, Soto Miller iría a Guadalajara y compraría un remolque donde vendería tortas y hamburguesas. De enero a octubre de 1994 despacharía frente a la iglesia de Chapala.

Después, viajaría a la capital donde su amigo Alejandro Hodoyan le había pedido reunirse con su hermano Miguel Alfredo. Acudió a la Ciudad de México y en el restaurante «La Tablita», en Polanco, conoció a Ramón Arellano Félix.

En Polanco, el cocinero volvió a su oficio y regresó a Tijuana con su nuevo jefe, dos semanas después.

El «Chef « cocinó para Ramón hasta noviembre del 1994, cuando volvió a su negocio de tortas y hamburguesas en Guadalajara, ahí permaneció 5 meses, hasta abril de 1995.

Fue llamado nuevamente a la capital desde donde se trasladó a Tijuana y de ahí, volvió a Acapulco para las vacaciones de Semana Santa junto con Ramón Arellano Félix, sus gatilleros y parte de la familia del capo. El “Chef” cocinaría para todos ellos.

Luego del asueto, en julio, Soto Miller habría pedido dinero a los hermanos Ramón y Benjamín Arellano Félix para establecer un restaurante. Y siguió cocinando para los líderes del Cártel de Tijuana hasta diciembre del 95′, cuando regresó a Guadalajara.

En julio de 1996, Soto Miller volvió a cocinar para Ramón en Guadalajara, cuando éste buscaba liquidar a Amado Carrillo Fuentes.

El asesinato de Carrillo Fuentes, como el de otros enemigos, se planeó en la reunión de Polanco en 1994.

Los Arellano Félix habrían obtenido información sobre la salida de Guadalajara del «Señor de los Cielos» con escolta de militares al servicio del General Jesús Gutiérrez Rebollo.

Como consecuencia, Ramón había encabezado un enfrentamiento en esa ciudad jalisciense el 22 de julio de 1996.

En la pugna de avenida Vallarta murieron dos militares y un civil. Esto, según la versión de Alfredo Hodoyan, miembro del Cártel de Tijuana detenido clandestinamente por soldados del ejército mexicano el 11 de septiembre de 1996. Y quién, supuestamente, proporcionó los datos que llevarían a la captura del cocinero y otros sicarios.

“En dicho tiroteo habrían participado, entre otros, el propio Alfredo Hodoyan Palacios y Fabián Reyes Partida, quienes viajaban en una camioneta tipo suburban color negro que luego ocultaron en una casa de seguridad de Ramón Arellano, ubicada en la calle de Bogotá de la colonia Providencia”, informó La Jornada en 1997.

La policía reportó que el 27 de septiembre de 1996, sobrevolaba en helicóptero por la colonia Providencia en Guadalajara y, casualmente, “observaron dos vehículos en un garaje parcialmente cubierto que correspondían con la descripción de los autos usados por los capos en el enfrentamiento del 22 de julio”.

“Entonces vieron salir corriendo de la casa a Fausto Soto Miller, pidieron refuerzos y el sospechoso fue aprehendido”, detalla el informe “Abuso y desamparo: Tortura, desaparición forzada y ejecución extrajudicial en México”, publicado en 1999 por Human Rights Watch (HRW).

“Los agentes informaron que, cuando lo arrestaron, Soto Miller habló del contenido ilegal del almacén y de su propia participación en la banda de los Arellano Félix”, agrega la sentencia en causa penal 105/96 del Primer Juzgado de Distrito en Materia de Procesos Penales Federales en el Estado de México.

Sin embargo, la versión del cocinero destaca que su detención fue el 12 de septiembre, 15 días antes de la fecha informada por las autoridades.

Durante las dos semanas que el “Chef” habría estado sometido a tortura y desaparición forzada temporal, sus familiares lo buscaron en vano.

“Uno de los soldados me conectó cables a los dedos de los pies y encendió la corriente. Más tarde, me golpeó los talones con una tabla. La segunda persona me interrogó y amenazó. También me torturaron poniéndome trapos sobre la cara, asfixiándome y echándome agua en la nariz y en la boca para ahogarme, aplicando en esos momentos corriente eléctrica cada vez más fuerte”; escribió Soto Miller en una carta desde la prisión para el informe de Human Rights Watch, el 10 de octubre de 1997.

Presentado como gatillero o guardaespaldas de los Arellano Félix; el cocinero de mariscos fue cuestionado por los militares por el enfrentamiento del 22 de julio. También fue trasladado en avión al estado de Sinaloa para que identificara residencias de narcotraficantes.

Pruebas de otro caso corroboraron la versión de Soto Miller.

«En el juicio del general Jesús Gutiérrez Rebollo, el sargento Vicente Ruiz Martínez declaró que, el 12 y 13 de septiembre de 1996, estaba en Guadalajara, donde colaboró en la vigilancia de varios detenidos.

«El 14 de septiembre lo enviaron a la Ciudad de México y regresó al día siguiente; aunque, en lugar de quedarse en Guadalajara, le ordenaron inmediatamente que viajara a Culiacán, Sinaloa.

«En su declaración sobre estos hechos, recordó que en el avión donde viajaba llevaron a uno de los que habían estado detenidos en la Cuarta Compañía y que respondía al nombre de Fausto Miller”; de acuerdo con el reporte de Blog del Narco.

Aunque la declaración de Ruiz Martínez está fechada en marzo de 1997, las autoridades no la consideraron para beneficio del «Chef».

El juez Humberto Venancio Pineda no quiso admitir como prueba los documentos judiciales del caso Rebollo que indicaban que Soto Miller había estado detenido desde el 12 de septiembre, debido, en parte, a que las declaraciones no fueron hechas ante él; informó HRW.

Venancio Pineda rechazó la negación que el cocinero hizo de su declaración. En lugar de observar claridad en el debido proceso el juez alegó que “no existían en autos probanzas suficientes para acreditar la retractación”.

Los oficiales del Ejército que Soto Miller identificó como participantes de su detención y la tortura posterior, negaron los hechos en el tribunal y el juez citó sus negativas en la sentencia.

“Independientemente de que Soto Miller esté o no vinculado a un cartel de la droga, todas las pruebas sugieren que su versión de la desaparición forzada temporal y procesamiento con cargos fabricados es correcta”, señaló en su momento la organización HRW.

Cuando los militares entregaron al cocinero a los agentes federales del Ministerio Público, el 27 de septiembre de 1996; funcionarios de la PGR obligaron a Soto Miller para que firmara una declaración preparada que no le permitieron leer.

«El detenido no contaba con la presencia de un abogado cuando le obligaron a firmar la declaración.

“En su lugar estaban presentes ‘personas de confianza’, como contempla la legislación mexicana. Sin embargo, las “personas de confianza” eran empleados de la Procuraduría General de la República; ninguno de los cuales respondió a las citaciones para explicar lo ocurrido durante el período en que se firmó la declaración”; refirió en entrevista a HRW, Héctor Sergio Pérez Vargas, defensor de oficio del “Chef”.

El juez que condenó a Soto Miller sí manifestó preocupación sobre la versión de tortura. Ordenó investigar, pero el Ministerio Público dijo que no encontró pruebas.

Desde prisión, el cocinero empezaría una batalla legal que buscaba mostrar la irregularidad de su proceso jurídico.

Hace tres años, en diciembre de 2017, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos emitió el Informe No. 166/17 sobre la Petición 365-09 de Fausto Soto Miller.

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En ese documento, la CIDH decidió declarar admisible la petición del cocinero sobre su proceso irregular, tortura y desaparición forzada.

Como se ha relatado, el caso del «Chef» de los Arellano Félix está fundado en versiones de disputa.

Es posible que su declaración fechada el 27 de septiembre de 1996 contuviera alguna clave menos controversial o comprometedora. Por ejemplo, habría declarado que sus padres tuvieron 12 hijos.

Sobre el resto, se sabe que Soto Miller cumplirá una condena hasta el 2038, cuando tenga 77 u 80 años.