En las entrañas de Paredones, el lugar que el Cártel de Sinaloa convirtió en un pueblo fantasma

En México existen ciertos lugares por los que pocos se atreven a pasar. Pueblos sepultados, ciudades que en otro momento conocieron tiempos de gloria.

En las entrañas de Paredones, el lugar que el Cártel de Sinaloa convirtió en un pueblo fantasmaHace unos años, la comunidad de Paredones, Sinaloa, era un campo pesquero de postal; sin embargo, la lucha entre grupos antagónicos del Cártel de Sinaloa provocaron que sus habitantes huyeran de las viviendas, convirtiéndola en un pueblo fantasma.  Paredones al igual que otros poblados, que incluso formaron grupos de autodefensas.

Se han quedado sin residentes que prefieren huir ante el miedo de ser asesinados o desaparecidos.  Según documentan los medios locales, al llegar al paredón el lugar se ve desolado, pues alrededor de 100 familias abandonaron sus casas. Los que se quedaron, la mayoría son adultos que tienen terror de denunciar por posibles represalias.

En la comunidad pueden transcurrir horas sin que se vean personas en las calles, las casas están abandonadas, algunas tienen letreros de venta, mientras que en la escuela suspendieron clases porque quedan pocos niños.

Pese al operativo de militares, la Guardia Nacional y la Policía Estatal, la violencia no cesa. El martes, en el camino de Limón de los Ramos a Paredones hubo un enfrentamiento entre grupos criminales que terminó con la detención de tres criminales.

Según información preliminar del secretario de Seguridad Pública de Sinaloa, Cristóbal Castaeñeda Camarillo, los agentes realizaban un recorrido por la zona cuando se encontraron tres vehículos con gente armada. Una camioneta Toyota doble cabina, color rojo, blindada golpeó a otro vehículo, provocando que ambas unidades cayeran a un costado del camino.

Más adelante se aseguró a tres sujetos armados que viajaba en un camioneta. Castañeda enfatizó que no hubo intercambio de disparos. Desde dicho evento, un grueso contingente de elementos de la SEDENA, Guardia Nacional y Policía Estatal permanecen en el camino.

Se presume que las recientes agresiones registradas en las comunidades de Aguacaliente, Jesús María, Mojolo y Paredones serían resultado de un choque entre células rivales del Cártel de Sinaloa. Incluso los pobladores han hecho denuncias que aseguran que existe amenaza de quema de casas y asesinatos en búsqueda de una persona llamada Julián Grimaldi Paredes.

Esa persona es buscada por las autoridades locales y federales, luego de que se fugara del Penal de Culiacán en julio del 2018, vestido de policía custodio penitenciario.

Asimismo, Grimaldi Paredes está vinculado con la emboscada del 30 de septiembre, donde murieron cinco militares que custodiaban a un sicario del Cártel de Sinaloa. El ataque buscaba la liberación del supuesto criminal.

La guerra interna que azota Culiacán

Con la sentencia a cadena perpetua de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, el poder del Cártel de Sinaloa parece menos menguado de lo que se suponía.

La organización criminal que nació en la primera mitad del siglo XX en una sierra mexicana es hoy una plataforma global del narcotráfico que interconecta núcleos de producción y consumo. Se calcula que los sinaloenses tienen más de 60.000 kilómetros cuadrados de sembradíos de marihuana y amapola en México.

Según la fundación InSight Crime, opera en 50 país y sus negocios incluyen trata de personas, robo de gasolina, tráfico de armas y lavado de dinero. Por estas razones es fácil entender por qué el imperio de Sinaloa no claudica.

El principal líder del grupo criminal, el experimentado Ismael “El Mayo» Zambada sigue libre tras medio siglo traficando sin pisar la cárcel. Los otros socios del Mayo, hijos de Guzmán Loera: Ovidio, Iván Archivaldo y Jesús Alfredo, conocidos como “Los Chapitos”, han iniciado una pelea al interior del Cártel de Sinaloa que amenaza con desbordarse.

De acuerdo con el diario local Río Doce, todo comenzó en noviembre pasado, cuando un convoy de camionetas apócrifas de la Policía Estatal de Sinaloa irrumpieron en la zona de Aguacaliente, dominada por “El Ruso”, jefe operativo de Ismael Zambada García.

El comando invasor era encabezado por “El Nini”, lugarteniente de “Los Chapitos”, que fue interceptado en alguno de los caminos, y les reclamaron por qué se metían a su territorio.

Las versiones recogidas por Río Doce establecen que en la discusión uno de los sicarios dijo que “El Señor” (refiriéndose a “El Mayo”) “les valía madre”. Esto fue una irreverencia imperdonable. A los días apareció un muerto de un lado y luego un muerto del otro. Las fricciones habían llegado al plomo.