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El día que el patriarca de una dinastía del narco dijo que sólo era un “hombre trabajador”…

El de Juan N. Guerra es uno de los nombres que se encuentran en las primeras páginas de la historia del narcotráfico en México.

El día que el patriarca de una dinastía del narco dijo que sólo era un “hombre trabajador”...

Comenzó su carrera criminal como traficante de licor y tabaco en la década de 1930, hasta que controló toda la actividad de contrabando así como los bares de la zona fronteriza de Matamoros, en el estado de Tamaulipas. Una de sus características es que siempre se presentaba como un hombre de negocios.

Durante toda su vida negó vínculos con el crimen organizado a pesar de que a él se le atribuye la fundación del cártel del Golfo, que en la década de los noventa fue uno de los más poderosos del país. Antes de morir de causas naturales, el 12 de julio de 2001, a la edad de 86 años, le concedió una pequeña entrevista al reportero de The New York Times, Sam Dillon.

En 1996, en la que dio su versión de todo lo que se decía en torno a sus negocios. Esa entrevista fue retomada en la segunda temporada de la serie de Netflix “Narcos México”, en la que el personaje de Juan N. Guerra aparece como clave en la caída del “Jefe de jefes”, Miguel Ángel Félix Gallardo.

La entrevista, fechada el 9 de febrero, se realizó luego que su nombre salió insistentemente en los periódicos por la detención de su sobrino, Juan García Ábrego, en Houston, Texas, durante una operación relacionada con el tráfico de cocaína.

Guerra aseguró al reportero que no era un traficante, sino sólo un ciudadano común. “Ve a hablar con el presidente o con un general o alguien importante”, aseguró el hombre, quien para ese momento ya se encontraba en silla de ruedas.

Dillon describió a Guerra como un bandolero cauteloso que supo construir su fortuna a través del comercio de armas, la prostitución y otra serie de actividades ilegales. Era el “patriarca de una dinastía criminal a lo largo de la frontera entre México y Texas”.

Ramón Antonio Sampayo, quien en esos años era alcalde en Matamoros, lo describió como una “leyenda”, lo cual no resultaba extraño, ya que los informes de inteligencia de Estados Unidos, lo describían como un hombre con gran influencia política.

“Bueno, tampoco soy un traficante, solo un ciudadano común”, le dijo Guerra a Dillon. “Ve a hablar con el presidente o un general o alguien importante”.

El periodista no pasó por alto que uno de los guardaespaldas del anciano sonrió cuando le dijo: . «Los periodistas escriben mentiras sobre mí… Solo soy un hombre trabajador. No fumo, no bebo y no canto «.

Un informe de inteligencia estadounidense citado por el NYT señala que Guerra crió a su sobrino Juan robando autos antes de dejarle el control de su organización. “El ascenso de García Abrego a la cima del mundo de las drogas fue ayudado por dos factores”, dice el informe, uno de ellos es su alianza con el cartel colombiano de Cali. Su otro boleto para el éxito, dice, fue “la influencia política de su tío, Juan N. Guerra, un antiguo líder del inframundo de Matamoros”.

El reportero incluso lo comparó con Carlo Gambino, un mafioso de Nueva York, ya que ambos tenían restaurantes que gozaban de mala reputación.

Guerra se había casado con Gloria Landeros, una bella cantante que visitó Matamoros con un road show. La pareja tuvo tres hijos, pero un día, un actor y un viejo amigo de su esposa la visitaron, y en una furia celosa, el narcotraficante mató a la mujer, y aunque fue detenido, lo liberaron después cuando se determinó que el asesinato fue en defensa propia.

Cuestionado sobre este incidente, respondió al reportero: “No vivo por sueños sino por realidades… y lo que no me gusta, lo dejo en el camino”.

Otras leyendas alimentaron la reputación de sangre fría del narcotraficante, por ejemplo, se dice que mató al hijo del caudillo revolucionario Pancho Villa y también que le disparó a un hombre por hablar demasiado alto en Piedras Negras.

Pero hasta su encarcelamiento, en 1991, por algunas semanas por cargos de evasión de impuestos, nunca había pasado más de unas pocas horas en la cárcel, supuestamente porque compró generaciones enteras de alcaldes, gobernadores, comandantes de policía y administradores de aduanas.

Aparentemente, su sobrino, García Abrego, adquirió habilidades políticas similares porque también se dice que él pagó millones de dólares en sobornos mensuales a funcionarios del gobierno, incluido un fiscal general adjunto.

Y aunque algunas células del cártel del Golfosiguen operando, la organización criminal empezó a perder fuerza en 1996, cuando García Ábrego fue detenido y extraditado a Estados Unidos.