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El día en que ejecutaron a ‘El Cochiloco’ de 70 balazos… un narco mucho más sanguinario y temido que el de la ficción…

El día que lo asesinaron bajó de su carro con una granada en mano pero no alcanzó a activarla y cayó acribillado, blanco de 70 balazos.

El día en que ejecutaron a 'El Cochiloco' de 70 balazos... un narco mucho más sanguinario y temido que el de la ficción...

Juan Manuel Salcido Uzeta (Cesar Martinez Bejarano, alias «El Cochiloco»,alias «El Mauri tetona» «Pedro Orozco», «El gallo de San Juan» o «Comandante Martínez»,), así era conocido,  capo de una organización criminal dedicada al tráfico de drogas en México.  Muchos de los que lo conocieron mencionaron que cojeaba debido a un balazo que recibió en una pierna en su tierra natal, San Ignacio, Sinaloa.

Vivió de 1985 hasta 1991 en el municipio de Coquimatlán, Colima, México, con el sobrenombre de «Pedro Orozco», siendo considerado por los habitantes de la población como un prospero agricultor y ganadero, puesto que esa no era su zona de trabajo o negocios, solo su hogar.

El Cochiloco, uno de los hombres más temidos en el mundo del narcotráfico iniciado en la década de los sesentas al lado de Modesto Osuna, asesinado en 1972, y Lamberto Quintero Páez, muerto en enero de 1976.

Su mayor “talento”, consistía en personalmente eliminar a sus rivales o a quienes “estorbaban” a la naciente organización de Guadalajara de la que era uno de sus miembros más destacados al lado de Miguel Ángel Félix Gallardo, El Padrino.

A finales de la década de los setenta y principios de los ochenta, Coquimatlán era un pueblo tranquilo. Los vecinos de más edad colocaban sus sillas afuera de sus casas, para platicar y desprenderse un poco del calor sofocante de este municipio de Colima, o sólo para escuchar el resonar del tren cuando atravesaba la población, proveniente de Guadalajara.

Allí –aun a la fecha–, todo mundo se conoce y, por consecuencia, los vecinos saben quiénes no son de ese lugar ubicado a menos de diez kilómetros de la capital colimense.

Este tranquilo pueblo –entonces con menos de diez mil habitantes–, fue el que escogió Manuel Salcido para refugiarse a raíz que el gobierno federal ordenó la aplicación de la Operación Cóndor en los estados de Sinaloa, Durango y Chihuahua. Operación que de alguna forma influyó para que los narcos sinaloenses, encabezados por Félix Gallardo, El Padrino –tras el asesinato de Pedro Avilés– trasladaran de Culiacán a Guadalajara su centro de operaciones.

El tranquilo Coquimatlán, además, a Salcido Uzeta (que apenas sobrepasaba los treinta años) le serviría para escapar de sus muchos enemigos y de la Policía, que aparentemente le buscaba desde su fuga pactada del penal de Culiacán.

Desde que llegó, Salcido Uzeta se hizo pasar por “ingeniero”, cambió su nombre por “Pedro Orozco García” y adquirió el rancho Jayamita. De tal manera que los vecinos pronto le conocieron como “el ingeniero Pedro Orozco, dueño del rancho Jayamita”.

En su nueva personalidad, “el ingeniero Pedro Orozco” caracterizaba a un hombre muy amable y bondadoso, sobre todo con la gente de escasos recursos y con aquellos que se le acercaban para solicitarle que fuera padrino de su graduación, de sus quince años o bautizo, entre otros compromisos.

Como él jamás se negó a ninguna de esas peticiones, pronto su fama de amable y generoso creció por todos los rincones no sólo de Coquimatlán sino de toda la entidad.

Nadie en el pueblo imaginaba que esa persona tan respetada era el temible Cochiloco, a quien en el mundo de los narcotraficantes se le tenía más temor que respeto, por la crueldad que aplicaba al eliminar a sus no pocas víctimas.

Lo más sorprendente es que las autoridades locales y del estado de Colima –aparentemente– no se dieron cuenta de la presencia de tan famoso narcotraficante, que para entonces ya era uno de los hombres de mayor confianza y socio de El Padrino, Félix Gallardo, jefe de la organización de Guadalajara.

A las disimuladas autoridades, poco o nada les importó que su avecinamiento, más temprano que tarde infectaría a la entidad con el crimen organizado, en particular el narcotráfico. Colectivamente, podría decirse, la clase política cerró los ojos y se calló la boca ante lo evidente.

Durante más de una década, Colima fue el santuario no sólo de El Cochiloco sino de todos sus compinches que también huyeron de Sinaloa durante la Operación Cóndor a finales de los años setentas, rumbo a Guadalajara.

Durante el tiempo que El Cochiloco se estableció en Coquimatlán, Colima se convirtió en un corredor de drogas que entraban por el puerto de Manzanillo, bajo el control de la organización de Guadalajara y luego del cártel de Sinaloa.

Su muerte

En diversas informaciones divulgadas por la DEA, El Cochiloco fue señalado como uno de los socios más cercanos de Pablo Escobar en México.

El vehículo en que viajaba fue interceptado en una esquina por otros dos de los que descendieron ocho hombres armados con rifles R-15 y AK-47 y comenzaron a disparar sobre el narcotraficante y sus dos acompañantes.

Salcido bajó granada en mano pero no alcanzó a activarla y cayó acribillado, blanco de 70 balazos, al igual que Juan Saucedo, que recibió 30 impactos. Una mujer que viajaba con ellos, sobrevivió al ataque, pero fue herida gravemente.

El enfrentamiento ocurrió en pleno centro de Guadalajara en la que Salcido vivía desde hace unos tres años, tras abandonar el estado de Sinaloa, después de un tiroteo con la Policía en el que murió uno de sus hermanos. En este entonces, el capo fue el único que sobrevivió.

Adorado y admirado por sus hombres muchos que no lo eran pero que se beneficiaban de sus inversiones la DEA había pedido varias veces su captura a la justicia mexicana por relacionarlo con el asesinato de Kiki Camarena.

En Mazatlán hasta le habían compuesto un corrido que entre otras frases decía: Señores! Yo lo creo, porque es legendario y valiente. Porque por ello le tienen miedo. Pero en el fondo de su alma, es un amigo sincero.