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Más jóvenes se convierten en “carne de cañón” de los carteles en México

MEXICO.- Para cuando los policías llegaron ya era demasiado tarde. La sopa estaba caliente, pero en el piso, mezclada con sangre de un muchacho de Coahuila.

Más jóvenes se convierten en “carne de cañón” de los carteles en México

Que poco antes había intentado comerla en medio de una jornada de trabajo que consiste básicamente en no hacer nada la mayor parte del tiempo, aunque vital para el crimen organizado: espiar.  No hace falta ninguna preparación o estudio, sólo un celular y tener los ojos abiertos. Chivatear los movimientos del Ejército o de los policías o cuando algún vehículo de la banda enemiga se enfila hacia alguna zona controlada por una organización criminal para vender droga o extorsionar; para casas de seguridad o escondrijo de robos.

En 2015, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos calculó que en México cooperaban con el crimen alrededor de 30,000 niños como vigilantes (halcones), gatilleros, narcomenudistas y otras funciones; para 2018, el secretario de Seguridad Pública federal, Alfonso Durazo, estimó que la cifra subió a 460,000.

En ese contexto se lanzó el programa “Jóvenes Contruyendo” el Futuro por el presidente Andrés Manuel López Obrador para que con subsidio del Estado las empresas capaciten a muchachos que no estudian ni trabajan y se les pueda pagar alrededor de $250 dólares al mes; sin embargo, los reportes policíacos siguen dando cuenta de capturas de chicos delincuentes.

Al “marruchero” de Coahuila, quien murió en julio pasado, la prensa local le calculó 15 años; en Guanajuato, las autoridades fueron más explícitas y acusaron a tres mujeres de 16 años de ser parte de un grupo de sicarios del Cartel Jalisco Nueva Generación a quienes se les atribuyen asesinatos en la ciudad de Salamanca, Irapuato y Silao.

Según información de las procuradurías estatales, los jóvenes son el eslabón más débil de las mafias, la carne de cañón que se agarran al tú por tú con las autoridades o ejecutan los homicidios como recientemente ocurrió en la capital mexicana donde tres chicos veinteañeros confesaron el asesinato de cuatro personas de marzo pasado a la fecha.

En los límites del estado de México y Guerrero pobladores han reportado la presencia de hasta 100 muchachos con armas largas. “Cuando algún operativo se aproxima salen más y más jóvenes y así superan en número a los militares que tienen que recular: así llevan así dos años”, dijo un poblador de la zona.

Analistas consideran que el problema pasa también por un asunto de descomposición social como la separación familiar: el 50% de los mexicanos ha crecido sin padre y la madre debe salir para trabajar, una situación que los deja sin vigilancia.

“Muchos de ellos están en medio de situaciones familiares muy complicadas y el crimen organizado termina siendo su única posibilidad de integración social porque desertaron de la escuela”, comentó Juan Martín Pérez, de la Red por los Derechos de la Infancia.

Cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, detallan que el país viven 21.6 millones de mexicanos entre los 15 y 24 años que están en condiciones de trabajar o estudiar; sin embargo, alrededor el 66% no asiste a la escuela, casi el 6% no tiene empleo, el 60% por ciento labora en la informalidad mientras unos 15 millones viven en pobreza por ingresos.

Otro ingrediente es el panorama internacional. Paolo Falco, encargado de la Dirección de Empleo, Trabajo y Asuntos Sociales de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, indicó que el desempleo juvenil, tanto en México como en otros países, se acentuó desde la crisis económica de 2008. “Desde entonces diversas economías no han repuntado para responder a la demanda de empleo formal”.

En consecuencia, las actividades ilegales han tomado ese lugar.

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