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Alejandro Aponte Gómez «El Bravo» el Teniente que salvo a el Señor Guzmán de los Gafes

Fue uno de los oficiales del ejército entrenado en fuerzas especiales que se ganó la confianza de Joaquín el Chapo Guzmán. Fue su jefe de escoltas.

Alejandro Aponte Gómez El Bravo el Teniente que salvo a el Señor Guzmán de los Gafes

Y una vez que el capo cayó detenido, su estrella se apagó. Años atrás su protector era el capitán Hermilo Martínez Vera, cercano al Mayo Zambada y publirrelacionista de la organización con los mandos del Ejército, quien fue capturado en agosto del 2012. La muerte del teniente desertor Alejandro Aponte Gómez, cierra el capítulo sobre la escolta militar que acompañó varios años en su huida al defenestrado líder del cartel de Sinaloa.

El miércoles 9 de abril del 2014, la noticia se fue filtrando a algunos medios de comunicación casi en voz baja: “Mataron al Bravo”. Los cuerpos de tres hombres con huellas de tortura y asesinados con saña habían sido encontrados en una fábrica de bloques, en las inmediaciones de La Cruz de Elota.

No los asesinaron ahí, porque no se encontró en el lugar ningún casquillo. Los bajaron de algún vehículo y los arrastraron alrededor de 25 metros hasta dejarlos adentro de la fábrica, detrás de una malla ciclónica.

Dos de los cuerpos fueron identificados como Jesús Eduardo Valadez Noriega y Francisco Javier Ibarra Reyes, ambos con antecedentes penales. Hasta el cierre de esta edición, el tercer hombre no había sido identificado.

Un día después, el Procurador confirmó la muerte del Manuel Aponte Gómez, el Bravo, al revelar que las huellas dactilares de otro hombre encontrado cerca de ese lugar, un día antes por la noche, en un camino de terracería a la altura del pueblo Tanques de Elota, coincidían con las del pistolero de Joaquín Guzmán, registradas en una licencia de conducir.

Al cuerpo del Bravo se le encontraron seis disparos en la cabeza y en el cuello y podría haber sido ejecutado alrededor de las 17:00 horas del martes 8 de abril, señaló Higuera Gómez.

“Se realizó una pericial dactiloscopía entre la huella dactilar de la licencia de conducir con la huella dactilar tomada en SEMEFO y debo decirles que el resultado establece que hay correspondencia total entre la huella de la licencia y la que le fue tomada como muestra al cuerpo”, explicó el Procurador.

Sobre las causas de su muerte, nada, solo la advertencia lapidaria de Carlos Manuel Hoo Ramírez, el hombre que fue detenido junto a Joaquín Guzmán Loera, el 22 de febrero en Mazatlán, cuando advirtió ante el Ministerio Público Federal que la detención del Chapo podría desencadenar una guerra entre Dámaso López Núñez y Manuel Aponte el Bravo, si éste y los hijos de Guzmán Loera llegan a creer que fueron traicionados por Dámaso.

Se titula un criminal

Todo ocurrió en el verano del 2006 en un paraje cercano al cerro Moinora, uno de las elevaciones más altas de la sierra en el “Triángulo Dorado”. Un grupo de fuerzas especiales había topado con el anillo de protección que se desplazaba como escolta de Joaquín Guzmán Loera. Aquel fue un tiroteo que duró varias horas, se decía que solo quien conocía bien las cañadas y los caminos podría desplazarse al caer las sombras de la noche sin ser detectado.

Aquella ocasión fue la primera vez que una compañía de infantería que formaba parte del batallón 42, recibió información de que en el grupo que custodiaba al Chapo había varios militares desertores. Tropas de esta unidad, con cuartel en Guamúchil y una base en la cabecera municipal de Badiraguato, habían acudido en apoyo a una sección, compuesta por alrededor de 30 efectivos, del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE) que se enfrentó a los pistoleros.

Los reportes señalaban que el Chapo logró escapar gracias a que uno de sus escoltas lo sacó de aquel cerco apoyado por un grupo al que tenía bien entrenado. “Se ganó el favor del Chapo cuando lo sacó de ese lugar, tiempo después le contó a uno de nuestros informantes que lo sacó cargando, lo sacó lo menos jodido que pudo. Antes de eso Aponte era un pistolero de poca monta”, dice un capitán de infantería que estuvo en aquellos años comisionado en el batallón 42 y que hoy día está de servicio en una zona militar del centro país.

A partir de esos días de mediados del 2006, Manuel Alejandro Aponte Gómez, un teniente de infantería que había desertado dos años atrás del Ejército, fue ascendido a jefe de la escolta del Chapo. Su nombre comenzó a ser mencionado por fuentes castrenses desde septiembre del 2004, cuando un grupo armado asesinó en el estacionamiento del centro comercial Cinépolis de Culiacán, a Rodolfo Carrillo Fuentes y a su esposa. Informes militares de aquel año citaban que entre los pistoleros que dieron muerte al Niño de Oro, hermano menor de Vicente Carrillo Fuentes, entonces jefe del cartel de Juárez, iba el teniente Aponte, de quien ya tenían indicios que se había unido a la organización.

Aponte se convirtió por ese tiempo en jefe de instructores de los pistoleros que reclutó la organización que comandaba el Chapo Guzmán e Ismael el Mayo Zambada. Como oficial egresado del Colegio Militar, era el primer GAFE que organizó las escoltas no solo con equipo y logística, sino también con el uso y explotación de la información de inteligencia.

Años después, en agosto del 2009, un grupo entrenado por el teniente Aponte fue el encargo de evacuar el rancho Las Trancas, en la parte más alta del municipio de Tamazula, Durango. Un informe militar fechado en aquellos días en la comandancia de la Tercera Región Militar, refería que en ese lugar se había desmantelado y asegurado un laboratorio que abarcaba varias construcciones donde se producían drogas sintéticas.

La prensa nacional registró el decomiso de más de 200 hectáreas tras un recorrido organizado por el mando militar en Durango. En el lugar había dormitorios para quienes ahí trabajaban, antenas para comunicaciones vía satélite, plantas de luz, una pista para avionetas, cabañas, en una de las cuales se encontró ropa de marca, catálogos de modelos colombianas y un pequeño gimnasio. El documento señalaba que los encargados de vigilar el lugar y de la logística, eran testaferros que comandaba Aponte.

Según su hoja de servicios militares, Aponte Gómez se graduó en 1996 como subteniente de infantería del Heroico Colegio Militar. Varios de sus contemporáneos, hoy oficiales del Ejército que formaron parte de su antigüedad, se identifican cuando se les menciona un episodio que marcó a toda esa generación del alma mater del Ejército mexicano.