Blog del Narco Alexa

La historia de Don Alejo Garza Tamez fue abatido defendiendo su rancho de Los Zetas.

Ochos años han pasado desde aquel 14 de noviembre de 2010, dia en que el empresario Don Alejo Garza Tamez perdió la vida defendiendo su rancho del crimen organizado, no sin antes acabar con cuatro atacantes y herir a dos más.

La historia de Don Alejo Garza Tamez fue abatido defendiendo su rancho de Los Zetas.

Llegaron a amenazarlo a su Rancho San José, hombres que venían armados con rifles de alto poder, querían amedrentar al señero Alejo Garza Tamez. Garza Támez, tenía 77 años y era empresario maderero con rancho en Tamaulipas, México, experimentado en la cacería. Nadie le había regalado nada: llevaba toda la vida trabajando, y todo lo que tenía lo ganó con sudor y trabajo.

El sábado 13 de noviembre de aquel 2010, sicarios del cártel de los Zetas  fueron a decirle que su propiedad les interesaba, y que debía arreglarse con ellos.Tenia veinticuatro horas para pensarlo, dijeron. Luego aténgase a las consecuencias.  Con la diplomacia de sus casi ocho décadas de vida, don Alejo les dijo que no les entregaría su propiedad. Y ahí estaría esperándolos.

Un corto de cine

Después del incidente, reunió a sus trabajadores y con tono grave y enérgico les pidió que al día siguiente no se presentaran a trabajar, que lo dejaran solo.

Hizo recuento de armas y municiones, preparó la casa para su defensa, poniendo barricadas en las puertas y disponiendo escopetas y cartuchos para disparar en cada ventana. La noche fue larga, de poco sueño y mucha alerta, atento a cualquier ruido exterior.

A las cuatro de la madrugada sonaron motores. Bajando de varias camionetas, armados con fusiles de asalto, una veintena de sicarios se encaminó a la casa, gritando que tomaban posesión del rancho.

Alejo los recibió como ni lo presentían el orgullo y su valor se aferraban a su vida, la muerte fue la invitada esa vez a su última cacería.

Don Alejó salió a defender su rancho. Fue un verdadero combate, largo e intenso. Desde los ranchos cercanos se oyó mucho rato el disparar de las balas y el retumbar de las explosiones.

Cuando elementos de la Marina-Armada de México llegaron al rancho San José, vieron un escenario desolador: la austera casona principal estaba semidestrozada por impactos de bala y explosiones de granadas.

En la parte exterior de la finca había cuatro cuerpos  y a dos sujetos más heridos e inconscientes.

Pensaron que iba ser fácil robar lo que aun hombre le ha costado, la pólvora evidencio lo que sucedió aquel día, el hombre solo peleó, le fallo la policía.

En el interior de la casa había un solo cuerpo, el de Don Alejo, dueño de la finca y empresario maderero, con dos armas a su lado y prácticamente cosido a tiros.

En la última cacería de su vida, don Alejo sorprendió al grupo de sicarios que quiso imponer en su rancho la ley de la selva, la misma que ni el poder del Estado ha podido controlar.