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Decapitaciones, la pérdida de la razón como símbolo de terror en el narco

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Cártel es el término con el que se identifica a una gran organización ilícita o a un conjunto de organizaciones criminales que establecen acuerdos de autoprotección.

Decapitaciones, la pérdida de la razón como símbolo de terror en el narco

Colaboración y reparto de territorios para llevar a cabo sus actividades, principalmente relacionadas con el narcotráfico. En México existen diversos cárteles que han decapitado a cientos de personas ‘para aterrorizar a sus rivales, generar miedo en la sociedad y evitar así denuncias’, según señaló Sergio González, periodista mexicano y autor del libro El hombre sin cabeza.

En la presentación de dicho texto, el autor reflexionó sobre la historia de las decapitaciones en diversas culturas, abordando a personajes como Perseo y la medusa y hasta la degollación de San Juan Bautista.  ‘El decapitador se asume como mensajero del lado oscuro de la humanidad, se ve como el reimplantador del reino de la muerte y el salvajismo vasto que nombra la destrucción e impone un sentido negativo en el mundo’, afirma González.

Aunque en la Antigüedad los verdugos eran detestados por la gente, por la naturaleza de su labor, actualmente su imagen destaca hasta en los videojuegos, series o películas, incluso quienes practican las decapitaciones se enorgullecen de estas y las presumen en redes sociales, algo que ocurre con los cárteles mexicanos.

Asimismo, el escritor y periodista aseguró que ‘la práctica de cortarle la cabeza a los miembros de cárteles rivales se ha convertido en un ‘torneo machista’ que desafía a todas las normas morales o sociales. La decapitación se ha convertido en ‘el mensaje de mensajes’ para los narcotraficantes, ya que la usan para aterrorizar a los miembros de bandas rivales’, afirmó.

En el año 2006 aparecieron dos policías decapitados en Acapulco, Guerrero, al igual que otras cinco víctimas en Uruapan, Michoacán.

El primer suceso ocurrió en abril, luego de que dos integrantes de la entonces Policía Preventiva Municipal fueran secuestrados y sus cabezas halladas al día siguiente clavadas en una reja metálica.

El segundo hecho se presentó en septiembre cuando un comando de la organización criminal La Familia Michoacana irrumpió en el bar Sol y Sombra de la ciudad de Uruapan, en Michoacán, y arrojó cinco cabezas humanas a la pista de baile.

Luego de tres meses, el entonces presidente de México Felipe Calderón inició su ‘guerra contra el narcotráfico’, ofensiva que arrancó en enero de 2007 con el Operativo Conjunto Michoacán y en conjunto con las Fuerzas Armadas.

‘Desde entonces, las decapitaciones se convirtieron en un método recurrente de los grupos del narcotráfico para sembrar terror en los territorios que dominan’, refiere el investigador y criminólogo Enrique Zúñiga Vázquez, autor del estudio Decapitados y narcomensajes: el lenguaje del crimen.

Aunque ahora se ven en ciertas regiones más decapitaciones, anteriormente esto estaba restringido a un ámbito que parecía ajeno para la mayoría de los mexicanos: los mismos narcotraficantes y sus familias.

Un ejemplo es lo que pasó con el narcotraficante Jesús Héctor Palma Salazar, conocido como El Güero Palma, quien supuestamente recibió en un recipiente con hielo la cabeza de su esposa Guadalupe, quien lo había engañado con el venezolano Rafael Clavel, a su vez esposo de la hermana del capo Joaquín El Chapo Guzmán en 1989, según Infobae.

Aunque después hubo otras decapitaciones todas estas se dieron entre integrantes del narcotráfico, hasta enero de 2006 cuando sobre la lápida de mármol de la tumba de Arturo Beltrán Leyva alguien colocó un día una cabeza humana ensangrentada, flanqueada por dos arreglos florales, en el panteón Jardines del Humaya, en Culiacán, capital de Sinaloa.

Aquella cabeza podía interpretarse entonces como ‘una ofrenda’ para El Jefe de Jefes y acto individual de ‘goce por la muerte’, refiere el criminólogo Enrique Zúñiga.

Solo unos meses después de la ofrenda hallada en la tumba de Beltrán Leyva, diversos grupos de este tipo comenzaron, literalmente, a descabezarse por todos lados. Ya no bastaba con torturar a los enemigos y traidores. La violencia en la guerra de las drogas había escalado, haciéndose cada vez más cruel.

Las decapitaciones, que en principio sirvieron como mensajes de terrorífica advertencia para los enemigos, terminaron por fragmentar el tejido social de comunidades expuestas a estos actos violentos, explica Zúñiga.

Además de esto, el especialista resalta que las redes sociales también han beneficiado al incremento de las decapitaciones, pues le han dado ‘promoción’ y hasta las han transformado en espectáculo, como ejemplo la página del Blog del Narco, donde se publican narraciones y videos de estos actos.

Después de leer esto, ¿consideras que en verdad las redes sociales benefician el aumento de estos hechos o crees son solo parte del entretenimiento de algunos internautas?