Loading...

“El Betito”, de ladrón de relojes a líder del cártel más poderoso en Ciudad de México

La historia oficial cuenta que Roberto Mollado Esparza, líder del grupo criminal “La Unión de Tepito”, comenzó su carrera delictiva a los 27 años.

El Betito, de ladrón de relojes a líder del cártel más poderoso en Ciudad de México

Al ingresar por primera vez a prisión luego de robar a mano armada el reloj de un cliente en un restaurante de la exclusiva colonia Polanco, en  la Ciudad de México. La leyenda popular, en cambio, asegura que “El Betito”, como llaman a Mollado Esparza, “a los 11 años de edad/tuvo que matar/El tiempo estaba cabrón/no había ni para tragar”.

Esa es la historia que narra “El chaparrito de la B”, uno de los dos corridos (canciones populares que cuentan historias sobre personajes o sucesos) conocidos sobre la vida de “El Betito”, detenido el pasado 8 de agosto en la Ciudad de México, cuando caminaba con su hermano José, de 50 años, por calles de la colonia Rincón del Pedregal, en la delegación Tlalpan.

Involucrado en al menos 20 asesinatos, venganzas violentas, secuestros, posesión de armas, distribución de drogas y extorsiones a negocios en la Zona Rosa y en las colonias Roma, Condesa y Polanco, “El Betito” es el único delincuente de la Ciudad de México que tiene un corrido en su “honor”, junto con Felipe de Jesús Pérez Luna, conocido como “El Ojos”, líder del Cártel de Tláhuac abatido por la Marina en julio de 2017.

Sin autor conocido, el corrido del “Betito” comenzó a circular en 2017. En cambio, a quien escribió el corrido de “El Ojos”, lo asesinaron. Su nombre era Javier Reyes, lo conocían como “El príncipe del corrido”, y lo acribillaron en febrero de este año en la colonia San José de la delegación Tláhuac, en la capital del país.

Sólo los capos del norte de México habían merecido hasta entonces su propio corrido para contar su historia y sus “hazañas”. Pero la evolución de los narcocorridos, sus personajes y hasta sus temas es constante, consideran especialistas.

“Si existen los narcocorridos es porque existe el narcotráfico”, considera Anajilda Mondaca Cota, investigadora de la Universidad Autónoma de Occidente (Uadeo).

También, porque hay personajes como “El Betito” que los inspira: “Tiene porte de maldito/le gusta andar bien al tiro/es el líder absoluto/de ‘La Unión de Tepito'”.

Play
El niño que comía basura

Originario de la colonia Guerrero, nacido en 1981, Roberto Mollado Esparza sí tuvo una infancia de pobreza. Lo sabe un mando la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, que conoce bien las operaciones del narcotráfico en Tepito, porque muchos años estuco asignado a la seguridad en esa zona.

“Es un gandalla (mala persona) sin escrúpulos”, dice. Y por el mismo camino se mueven uno de sus mejores amigos desde la infancia, afirma: David García Ramírez, “El Pistache”, al parecer su relevó al frente de La Unión de Tepito.

“La gente los ubica desde niños”, relata el mando policiaco en una conversación que tuvo lugar en un café de la colonia Doctores, donde se ubica el llamado “búnker” de la PGJ-CDMX.

Al preguntarle sobre su corrido, que describe: “Su niñez fue muy dura/hasta comer basura/Eso no le da vergüenza/que no quede ninguna duda”, el mando policiaco se encoje de hombros. “No lo sé, pero todos ellos fueron jóvenes que crecieron en las calles, en la ley del más fuerte”.

Pero el niño pobre se hizo rico en el crimen. Compró casas, sobornó autoridades y hasta cambio su imagen con cirugía plástica, injertos de cabello y un bypass para bajar de peso.

Chaparrito y violento

La ficha criminal de Mollado Esparza anota que su primer ingreso a un reclusorio ocurrió en 2008, por robo. A los seis meses, salió y se unió a La Unión de Tepito, cuando los líderes eran Francisco Hernández Gómez, “Pancho Cayagua”, su hermano Armando y Ricardo López Castillo, “El Moco”.

Con ellos se inició en el narcomenudeo y después en la extorsión, el secuestro y el homicidio.

De apenas 1.55 metros de estatura –y de allí el nombre de su corrido–, “El Betito” se hizo respetar a fuerza de violencia. Así escaló posiciones en la organización criminal hasta convertirse en jefe de sicarios y luego, en 2013, en jefe de plaza.

Para entonces, la Unión de Tepito se había extendido y dividido su territorio en dos: el grupo que contralaba la Zona Rosa, la Roma, la Condesa y la Del Valle se hizo llamar la Unión de Insurgentes. Y aquellos que operaban en las colonias Polanco, Centro, Morelos y parte de la delegación Iztapalapa y Gustavo A. Madero, se quedaron con el nombre de La Unión de Tepito.

En estas operaba “El Betito” con su propio grupo que se hacía llamar los “Spring Breakers”, cada vez más numeroso conforme crecía el poder y la influencia de su líder dentro de la Unión de Tepito. “Empezamos 10/y aunque éramos pocos/siempre muy unidos”, relata su corrido “El chaparrito de la B”.

Entre su grupo Mollado Esparza repartía gorras con la letra “B” bordadas al frente con hilo dorado. “De pronto llegaron unas gorras negras/y por todo el barrio ya andaban 300/con el de la B”, dice la canción.

Sólo quienes las portaban podía cobrar “derecho de piso” a los negocios que extorsionaban. A quienes no las usaban y se metían en sus territorios “El Betito” los mandaba matar.

También le gustaba personalizar sus armas y las de sus más allegados con imágenes de calaveras y detalles en oro. Una la encontraron en poder de Joshio Centeno Pérez, “El Japonés”, cuando fue asesinado en agosto del 2016.

Otra le fue hallada a Víctor Hugo Ávila o Víctor Hugo Ramírez, “El Huguito”, al ser detenido en octubre de 2017 en Paseo de la Reforma, cuando llevaba secuestrado a un comerciante en una camioneta.

La disputa por La Unión

A finales de 2015, las diferencias entre “Pancho Cayagua”, fundador de la Unión de Tepito, y “El Betito” provocaron una guerra interna por el liderazgo de la organización y el control del corredor de avenida Insurgentes.

La confrontación que los separó, dejó decenas de muertos de los dos bandos y La Unión de Tepito se dividió. Al frente de esta quedó “Pancho Cayagua” y “El Betito” bautizó a su grupo como La U de Tepito.

A “El Betito” no le bastó con su parte del pastel y en octubre de 2017 mandó asesinar a su antiguo jefe y socio “Pancho Cayagua”. Dos de sus sicarios más cercanos –”El Pulgas” y “El Chaparro”– lo siguieron en motocicletas y le dispararon cuando iba manejando.

Trató de huir, lo alcanzaron y remataron en el estacionamiento de una tienda comercialde la colonia Tepeyac Insurgentes, al norte de la Ciudad de México, en la delegación Gustavo A. Madero.

Con su asesinato, “El Betito” se quedó al mando de todo. Pero no por mucho tiempo. Del grupo relegado de “Pancho Cayagua” nació La Anti-Unión de Tepito, que en los meses siguientes vengó la muerte de su líder con el asesinato de Juan Iván Arenas Reyes o Manuel Iván García, “El Pulga”, la  mano derecha de Mollado Esparza en la organización.

Antes de ser detenido, “El Betito” cobró factura por ese asesinato al ordenar la muerte de dos colaboradores cercanos de Sergio Flores Concha, “El Tortas”, líder de la Anti-Unión de Tepito. Sus cuerpos aparecieron desmembrados y esparcidos sobre el puente de Nonoalco de la avenida Insurgentes norte, en junio pasado.

Al momento de su detención, Roberto Mollado Esparza estaba al frente de un grupo criminal que, según las autoridades, opera en al menos 12 delegaciones y gana hasta 350.000 pesos al mes por el cobro de “derecho de piso” en Tepito, el Centro Histórico, La Lagunilla, la Roma, Condesa, Santa Fe, San Ángel y Polanco, entre otras zonas de la Ciudad de México.

Las investigaciones su contra siguen. Ahora el objetivo es amarrar la conexión entre La Unión de Tepito y el portal de escorts Zona Divas, afirma el mando de la Procuraduría capitalina.

Las autoridades presumen que miembros de ese grupo criminal utilizaba a las jóvenes extranjeras que trabajaban como “acompañantes” para traficar droga.

Además dos de sus miembros están acusados de asesinar a modelos venezolanas.Daniel “N”, de 22 años, fue detenido en marzo pasado como presunto homicida de las jóvenes  Wendy Vareska y Génesis Gibson. Y  Bryan, “El Pozoles”, primo de “El Betito”, fue señalado por el homicidio de Kenny Finol.

Al ladrón de relojes le bastó una década para convertirse en uno de los criminales más peligrosos de la capital mexicana.

Loading...