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La historia del hombre que olía a plomo Manuel Salcido Uzeta el “Cochiloco”, el vengador de Pedro Avilés

El Cochiloco era necrófilo: le encantaba matar. Era muy maldito, pero también blanco, elegante y rengo por un balazo que le pegaron en una pierna en su tierra, San Ignacio.

La historia del hombre que olía a plomo Manuel Salcido Uzeta el “Cochiloco”, el vengador de Pedro Avilés

Así lo recuerda Dámaso N. También le decían El gallo de San Juan, por la comunidad dónde nació, aunque su nombre oficial era Manuel Salcido Uzeta, a quien en el argot policiaco se le conoció como comandante Martínez.  Dámaso, cercano colaborador de Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca, Miguel Ángel Félix Gallardo y el mismo Cochiloco, recuerda la forma de ser del sanguinario capo y gatillero.

Manuel Salcido su nombre, su madre le puso el apodo, de chiquito fue muy inquieto como un periquito recien nacido , de ahí le vino lo de cochinito loco, le encantaba matar. era muy maldito, pero también blanco, elegante y rengo por un balazo que le pegaron en una pierna en su tierra, San Ignacio. Así lo recuerda Dámaso López ” el licenciado ” padre del mini lic

También le decían El gallo de San Juan, por la comunidad dónde nació, aunque su nombre oficial era Manuel Salcido Uzeta, a quien en el argot policiaco se le conoció como comandante Martínez.

Dámaso, cercano colaborador de Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca, Miguel Ángel Félix Gallardo y el mismo cochiloco, recuerda la forma de ser del sanguinario capo y gatillero.

La muerte de El cochiloco está relacionada con el homicidio de El chapo Caro, primo de Rafael Caro Quintero, y de Pedro Avilés, a quien Salcido le hizo una promesa que cumplió cabalmente.

“La muerte de El chapo Caro fue a consecuencia de un hurto, fíjate. Sucede que en Colima, por ahí vivía El cochiloco en aquel entonces, cayó un barco que creo que se llamaba Chingorazo, que traía ocho toneladas de coca”.

Cochiloco. Los colombianos no perdonan.

Entre Manuel Salcido, un hijo de don Lalo Fernández, y su socio y amigo, Chapo Caro, agregó, se robaron cuatro de las ocho toneladas de cocaína que transportaba aquel barco, cuyo destino era Baja California.

“Ellos se robaron la droga y dejaron que el barco se llevara el resto a su destino, creo que Ensenada, Baja California, y a los tres les dieron piso por esto”.

Dámaso echa a andar la maquinaria de la memoria. Aceita los engranes, ajusta los tornillos, para que no se filtre la desmemoria y fluyan los recuerdos.

“Tú has de saber que en Colombia se prepara a suicidas desde niños ¿sabes?, porque eso de el chapo Caro vino de Colombia. Y lo de El cochiloco también”, insistió.

El chapo Caro fue asesinado a tiros cuando transitaba en una camioneta por la calle Nicolás Bravo, en Culiacán, rumbo a Cañadas. Fue a principios de la década de los ochenta. La unidad en que iba la víctima quedó incendiada y destrozada a tiros.

— Se decía que le habían aventado granadas a la cabina de la camioneta.

— Después de que lo carraquearon, lo incendiaron, le echaron bombas de lumbre (caseras) para borrarlo todo, pero fue consecuencia de ese barco chingorazo que cayó en colima.

Se manejó mucho esa versión y al Cochi lo anduvieron pastoreando como dos o tres años y lo chingó un motociclista de esos suicidas colombianos, en Guadalajara, junto con un teniente del ejército que andaba con él.

Iban en carro, por la (Adolfo) López Mateos, por ahí antes de llegar a El Tucán, que era un restaurante y centro nocturno propiedad de Miguel Ángel Félix Gallardo. Un tipazo ese cabrón, dueño de una mente chingonométrica.

Y sí, es cierto, el Cochiloco era muy maldito, pero también lo eran sus hermanos, más nuevos, y Gabino, les decían los cochitos. A Gabino lo mataron en Mazatlán los del Ejército y hasta lo caparon.

Dámaso reconstruye la última vez que vio a Manuel Salcido, en un restaurante, en Guadalajara. Era el comandante Martínez, al frente de un operativo de revisión, rodeado de hombres armados y apoyado por efectivos de corporaciones policiacas y del Ejército Mexicano.

— Y alguna vez lo viste matar.

— Lo que te puedo decir es que él vengó a Pedro Avilés. Juró en su sepelio que lo iba a vengar. Y lo hizo.

A Avilés lo mataron “por puras envidias”. Era un jefe, jefazo, volaba para serlo. Era valiente y le daba dinero al gobierno con tal de que no lo molestaran.

“Una persona de apellido Alcalá era jefe de grupo de la policía federal y pedrito le dio 20 mil pesos, porque él cooperaba mucho con el gobierno para que lo dejaran trabajar. Pedro era muy recio, capo grande, y ahí en la mafia también hay envidias”, recordó.

Y fue el mismo Alcalá el que se encargó de asesinarlo. En Tepuche, cuando iba a Aguacalientita, lo detuvo la federal y se una zona conocida como la i griega, donde donde los abatieron a tiros junto con otras tres personas.

“Eso fue lo que no le cayó al Cochiloco. Era una muerte tan gacha. Los habían matado como perros, después de desarmarlos”.

Por eso El Cochiloco, habiendo jurado vengar la muerte de Pedro Avilés, se trasladó hasta Uruapan Michoacán acompañado por un grupo de hombres. Se instalaton en el hotel frente a la central camionera y de ahi se fueron hasta Apatzingan en el corazon de tierra caliente donde vivia la familia de uno de los que habian matado a pedrito, Un madrina de la policia judicial federal le apodaban El huarache, un acople, que ya se sentia perro grande, despues de la muerte de pedro el huarache se habia ido de vacaciones a tierra caliente, ahi le llego la muerte el culichi lo mato cerca del parque municipal como alas tres de la tarde , culichi lo remato con un tiro en el pecho.

Y el siguiente fue Alcalá, el que habia recibido la orden de traicionar a Avilés. El mismo grupo de sicarios se trasladó a Colima, donde El Cochiloco tenía una casa de “mantenimiento”, y luego a Guadalajara, ya que ahí Alcalá tenía una fábrica de bloques.

Justo cuando intentaba abrir su carro, un Lebarón llegó hasta el jefe policiaco el cochiloco y le disparó con un fusil FAL.

“Y ya que lo tumbó se bajó, se hincó y lloró. Levantó el rifle en señal de triunfo y gritó ‘¡este es el otro que te prometí pedrito!, ¡Ya cumplí!, ¡Ya no tengo compromisos, no me vayas a mandar un duende desde allá donde andas!’”.

El Cochiloco, Manuel Salcido, comandante Martínez. El mismo, todos y nadie. Se le atribuyeron más de 75 muertes. Le gustaban los palenques y lo mismo se le señalaba como bandido generoso que como matón sanguinario y extremadamente violento.

Hay quien dice que como Pedro Infante y Amado Carrillo, él está vivo y les sigue llevando la tambora a los de San Juan, su tierra. Si en vida se contaba que tenía una persona que se parecía mucho a él y que la hacía de su doble, ahora se cuenta que no ha muerto.

Que no murió ni con los más de cincuenta balazos que dicen que recibió, aquel 9 de octubre de 1991

La segunda generación de traficantes en Sinaloa, como Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo, aprendieron todo lo que sabían sobre el narcotráfico mientras servían en la organización de Avilés.

Los archivos de seguridad nacional cuantan en su expediente sobre Pedro Avilez que murio en un tiroteo con la Policía Federal en septiembre de 1978, se cree que Avilés fue traicionado por Ernesto Fonseca quien fue el tesorero de la organizacion y Rafael Caro Quintero fue capataz de Avilés en Chihuahua y quien empezó a adquirir la marihuana y amapola.

La corrupción de los funcionarios del Estado fue promovido por Miguel Ángel Félix Gallardo, un capo que pasó tiempo en Sinaloa trabajando como policía estatal de Sinaloa y que actuo como cuerpo de guardia de Leopoldo Sánchez Celis, gobernador de Sinaloa.

Pedro Avilés Pérez, quien marcó el nacimiento de los grandes capos en México por el tráfico de droga a gran escala, fue tío del actualmente lider del cartel de Sinaloa Joaquín Guzmán Loera alias “El Chapo”.
La muerte de El Cochiloco está relacionada con el homicidio de El chapo Caro, primo de Rafael Caro Quintero, y de Pedro Avilés, a quien Salcido le hizo una promesa que cumplió cabalmente. “La muerte de El chapo Caro fue a consecuencia de un hurto, fíjate. Sucede que en Colima, por ahí vivía El Cochiloco en aquel entonces, cayó un barco que creo que se llamaba Chingorazo, que traía ocho toneladas de coca”.

Cochiloco. Los colombianos no perdonan.

Entre Manuel Salcido, un hijo de don Lalo Fernández, y su socio y amigo, Chapo Caro, agregó, se robaron cuatro de las ocho toneladas de cocaína que transportaba aquel barco, cuyo destino era Baja California.“Ellos se robaron la droga y dejaron que el barco se llevara el resto a su destino, creo que Ensenada, Baja California, y a los tres les dieron piso por esto”.Dámaso N echa a andar la maquinaria de la memoria. Aceita los engranes, ajusta los tornillos, para que no se filtre la desmemoria y fluyan los recuerdos. “Tú has de saber que en Colombia se prepara a suicidas desde niños ¿sabes?, porque eso de el chapo Caro vino de Colombia. Y lo de El Cochiloco también”, insistió. El chapo Caro fue asesinado a tiros cuando transitaba en una camioneta por la calle Nicolás Bravo, en Culiacán, rumbo a Cañadas. Fue a principios de la década de los ochenta. La unidad en que iba la víctima quedó incendiada y destrozada a tiros.

– Se decía que le habían aventado granadas a la cabina de la camioneta.– Después de que lo carraquearon, lo incendiaron, le echaron bombas de lumbre (caseras) para borrarlo todo, pero fue consecuencia de ese barco Chingorazo que cayó en colima. Se manejó mucho esa versión y al Cochi lo anduvieron pastoreando como dos o tres años y lo chingó un motociclista de esos suicidas colombianos, en Guadalajara, junto con un teniente del ejército que andaba con él. Iban en carro, por la (Adolfo) López Mateos, por ahí antes de llegar a El Tucán, que era un restaurante y centro nocturno propiedad de Miguel Ángel Félix Gallardo. Un tipazo ese cabrón, dueño de una mente chingonométrica. Y sí, es cierto, el Cochiloco era muy maldito, pero también lo eran sus hermanos, más nuevos, y Gabino, les decían los cochitos. A Gabino lo mataron en Mazatlán los del Ejército y hasta lo caparon. Dámaso reconstruye la última vez que vio a Manuel Salcido, en un restaurante, en Guadalajara. Era el comandante Martínez, al frente de un operativo de revisión, rodeado de hombres armados y apoyado por efectivos de corporaciones policiacas y del Ejército Mexicano.

– Y alguna vez lo viste matar. – Lo que te puedo decir es que él vengó a Pedro Avilés. Juró en su sepelio que lo iba a vengar. Y lo hizo. A Avilés lo mataron “por puras envidias”. Era un jefe, jefazo, volaba para serlo. Era valiente y le daba dinero al gobierno con tal de que no lo molestaran. “Una persona de apellido Alcalá era jefe de grupo de la policía federal y Pedrito le dio 20 mil pesos, porque él cooperaba mucho con el gobierno para que lo dejaran trabajar. Pedro era muy recio, capo grande, y ahí en la mafia también hay envidias”, recordó. Y fue el mismo Alcalá el que se encargó de asesinarlo. En Tepuche, cuando iba a Aguacalientita, lo detuvo la federal y fue en una zona conocida como la i griega, donde los abatieron a tiros junto con otras tres personas. “Eso fue lo que no le cayó al Cochiloco. Era una muerte tan gacha. Los habían matado como perros, después de desarmarlos”.

Por eso El Cochiloco, habiendo jurado vengar la muerte de Pedro Avilés, se trasladó a Michoacán acompañado por un grupo de hombres. Allá tumbó a El huarache, un acople, balcón de la policía federal. Y el siguiente fue Alcalá, porque él tuvo qué ver en la muerte de Avilés. El grupo de sicarios se trasladó a Colima, donde El Cochiloco tenía una casa de “mantenimiento”, y luego a Guadalajara, ya que ahí Alcalá tenía una fábrica de bloques. Justo cuando intentaba abrir su carro, un Lebarón llegó hasta el jefe policíaco, el Cochiloco le disparó con un fusil FAL. “Y ya que lo tumbó se bajó, se hincó y lloró. Levantó el rifle en señal de triunfo y gritó ‘¡este es el otro que te prometí Pedrito!, ¡Ya cumplí!, ¡Ya no tengo compromisos, no me vayas a mandar un duende desde allá donde andas!’”.

El Cochiloco, Manuel Salcido, comandante Martínez. El mismo, todos y nadie. Se le atribuyeron más de 75 muertes. Le gustaban los palenques y lo mismo se le señalaba como bandido generoso que como matón sanguinario y extremadamente violento. Hay quien dice que como Pedro Infante y Amado Carrillo, él está vivo y les sigue llevando la tambora a los de San Juan, su tierra. Si en vida se contaba que tenía una persona que se parecía mucho a él y que la hacía de su doble, ahora se cuenta que no ha muerto. Que no murió ni con los más de cincuenta balazos que dicen que recibió, aquel 9 de octubre de 1991.

Al frente del grupo de Sicilia, El Cochiloco pronto se convertiría en uno de los principales traficantes de la heroína mexicana, operando desde el puerto de Mazatlán en sociedad con el hondureño Juan Ramón Matta Ballesteros, también ligado a Sicilia.

Matta Ballesteros y El Cochiloco entraron en contacto con Miguel Ángel Félix Gallardo, que operaba en Culiacán bajo la batuta de Pedro Avilés quien para entonces ya contaba con más de cincuenta años de edad. “Algo viejo para manejar el negocio”, pensaba la nueva generación de narcos que ya le disputaban el poder en la región conformada por Sinaloa, Durango y Chihuahua.

Manuel Salcido Uzeta era uno de los hombres más temidos en el submundo del narcotráfico. Por su despiadada forma de actuar, podría decirse, fue el precursor de la violencia y la brutalidad que tres décadas después utilizaría el grupo de Los Zetas. El Cochiloco era un delincuente nato, muy alejado de los narcotraficantes regionales de entonces, que evitaban realizar sus ilícitas actividades con violencia innecesaria.

Su mayor talento, según se decía, consistía en eliminar personalmente a quienes se le encomendaba. Los asesinatos los cometía sin sentir ningún remordimiento, a sangre fría. En algunos casos sus víctimas eran descuartizadas y sus restos, metidos en bolsas de polietileno, eran desperdigados por la ciudad donde cometía la fechoría.

En septiembre de 1973, en el camino entre San Juan –población donde nació– y su rancho San Fermín, en San Ignacio, Salcido Uzeta y su pandilla tuvieron un enfrentamiento con la banda de Braulio Aguirre, quien trataba de hacerse del negocio en el sur de Sinaloa. En el tiroteo, Salcido Uzeta resultó herido y muerto su lugarteniente Alfonso Zamora. Apenas se repuso de sus heridas, ofreció un cuarto de millón de dólares a los agentes de la PJF que llevaran ante él a los miembros de la banda de Aguirre.

En enero de 1974, tres federales secuestraron a seis muchachos del grupo rival que supuestamente habían participado en la balacera. Los llevaron a la casa que El Cochiloco tenía en la calle de Río Humaya treinta y uno, en la colonia Lomas del Mar, en Mazatlán. Horas después, los cuerpos de los seis jóvenes fueron encontrados despedazados y quemados en un rancho cerca de Mazatlán.

Por la crueldad con la que fueron ejecutados y porque se supo que los federales habían entregado a las víctimas a El Cochiloco a cambio de dinero, el asunto fue ampliamente difundido por la prensa local e indignó a la sociedad sinaloense, que exigió la pronta captura de los responsables, pues evidenciaba la colusión entre los policías y el narcotraficante.
Los agentes federales fueron apresados bajo los cargos de privación ilegal de la libertad, junto con su jefe de la PJF comisionado en Sinaloa, Ramón Herrera Esponda. No obstante, luego de ser trasladados a la ciudad de México fueron exonerados de todos los cargos.

En esta circunstancia, en febrero de 1974, fueron aprehendidos Salcido Uzeta y su banda en la colonia Chapalita, de la ciudad de Guadalajara. Se les encerró bajo los cargos de homicidio, portación de armas, desorden público y asociación delictuosa, aunque no por delitos contra la salud, como esperaban los reporteros especializados en los asuntos judiciales.

“Hay ya un maridaje excesivo entre el narcotráfico y los encargados de combatirlo… Esto muestra hasta dónde la mafia de los gomeros ha podido calar, comprando protección, conciencias, gatillos con credencial”, publicó en aquellos días el diario La Prensa de la ciudad de México, que seguía de cerca el desenlace del caso. “Maridaje” que se comprobaría, una vez más, pocos meses más adelante.

El Cochiloco y su banda fueron enviados primero a Mazatlán y después a Culiacán, custodiados por quince militares. Sin embargo, Salcido Uzeta no duró mucho en la prisión. Una noche de noviembre de 1975 escapó después de sobornar con medio millón de pesos a las autoridades del penal.

Pero como Sicilia Falcón, su jefe, se encontraba en prisión desde julio de 1975, El Cochiloco reinició sus operaciones, aunque ahora bajo la batuta de José Inés Calderón Quintero, El Ingeniero, y Pedro Avilés.

Calderón Quintero era uno de los principales narcotraficantes de Sinaloa, que para entonces apadrinaba al futuro capo, el joven Ismael El Mayo Zambada, y operaba con su sobrino, Rafael Caro Quintero, Don Neto, Baltasar Díaz Vega y Manuel Beltrán Félix. Era hijo de Inés Calderón Godoy y María del Rosario Calderón López y, al igual que Pedro Avilés, era duranguense, al nacer en Tamazula, en el llamado “Triángulo dorado de la droga”, formado entre los estados de Sinaloa, Durango y Chihuahua.

Desde entonces, a El Cochiloco se le vio pasear y operar sin problemas por todo el Pacífico, en especial Sinaloa. Controlaba el mercado de cocaína con los contactos que José Inés había hecho con los narcos de Bolivia, quienes les trasportaban la droga en avión hasta Culiacán.

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Para finales de la década de los setenta, se aseguraba que Salcido Uzeta había matado a casi un centenar de rivales. Cierto o no, su fama de matón era legendaria.

El Cochiloco o El gallo de San Juan, como también se le conocía, nació en abril de 1947 en el pueblo San Juan del municipio San Ignacio, una población sinaloense enclavada entre montañas a orillas del río Piaxtla que por aquellos años no llegaba a veinte mil habitantes.

Su corta estatura y complexión robusta provocaba intranquilidad, sobre todo en los palenques, a los que con regularidad asistía por su gusto a las peleas de gallos. Sus ojos eran negros y fríos. En su boca, de labios gruesos, siempre anidaba una sonrisa cruel.

Aunque era legendaria su violencia y brutalidad, también tenía destellos de generosidad con todo aquel que le solicitaba un favor; tampoco era desconocida su admiración por Pedro Avilés. De hecho se aseguraba que Avilés era tal vez al único hombre a quien, además de admirar, temía.

El Cochiloco se inició al lado de Modesto Osuna, asesinado en 1972, y Lamberto Quintero Páez, tío de Rafael Caro Quintero, y primo de los hermanos Emilio y Juan José Quintero Payán, futuros jefes del cártel de Juárez, al lado de Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los cielos.

Manuel Salcido su nombre, su madre le puso el apodo, de chiquito fue muy inquieto como un periquito recien nacido , de ahí le vino lo de cochinito loco, le encantaba matar. era muy maldito, pero también blanco, elegante y rengo por un balazo que le pegaron en una pierna en su tierra, San Ignacio. Así lo recuerda Dámaso López ” el licenciado ” padre del mini lic

También le decían El gallo de San Juan, por la comunidad dónde nació, aunque su nombre oficial era Manuel Salcido Uzeta, a quien en el argot policiaco se le conoció como comandante Martínez.

Dámaso, cercano colaborador de Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca, Miguel Ángel Félix Gallardo y el mismo cochiloco, recuerda la forma de ser del sanguinario capo y gatillero.

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La muerte de El cochiloco está relacionada con el homicidio de El chapo Caro, primo de Rafael Caro Quintero, y de Pedro Avilés, a quien Salcido le hizo una promesa que cumplió cabalmente.

“La muerte de El chapo Caro fue a consecuencia de un hurto, fíjate. Sucede que en Colima, por ahí vivía El cochiloco en aquel entonces, cayó un barco que creo que se llamaba Chingorazo, que traía ocho toneladas de coca”.

Cochiloco. Los colombianos no perdonan.

Entre Manuel Salcido, un hijo de don Lalo Fernández, y su socio y amigo, Chapo Caro, agregó, se robaron cuatro de las ocho toneladas de cocaína que transportaba aquel barco, cuyo destino era Baja California.

“Ellos se robaron la droga y dejaron que el barco se llevara el resto a su destino, creo que Ensenada, Baja California, y a los tres les dieron piso por esto”.

Dámaso echa a andar la maquinaria de la memoria. Aceita los engranes, ajusta los tornillos, para que no se filtre la desmemoria y fluyan los recuerdos.

“Tú has de saber que en Colombia se prepara a suicidas desde niños ¿sabes?, porque eso de el chapo Caro vino de Colombia. Y lo de El cochiloco también”, insistió.

El chapo Caro fue asesinado a tiros cuando transitaba en una camioneta por la calle Nicolás Bravo, en Culiacán, rumbo a Cañadas. Fue a principios de la década de los ochenta. La unidad en que iba la víctima quedó incendiada y destrozada a tiros.

— Se decía que le habían aventado granadas a la cabina de la camioneta.

— Después de que lo carraquearon, lo incendiaron, le echaron bombas de lumbre (caseras) para borrarlo todo, pero fue consecuencia de ese barco chingorazo que cayó en colima.

Se manejó mucho esa versión y al Cochi lo anduvieron pastoreando como dos o tres años y lo chingó un motociclista de esos suicidas colombianos, en Guadalajara, junto con un teniente del ejército que andaba con él.

Iban en carro, por la (Adolfo) López Mateos, por ahí antes de llegar a El Tucán, que era un restaurante y centro nocturno propiedad de Miguel Ángel Félix Gallardo. Un tipazo ese cabrón, dueño de una mente chingonométrica.

Y sí, es cierto, el Cochiloco era muy maldito, pero también lo eran sus hermanos, más nuevos, y Gabino, les decían los cochitos. A Gabino lo mataron en Mazatlán los del Ejército y hasta lo caparon.

Dámaso reconstruye la última vez que vio a Manuel Salcido, en un restaurante, en Guadalajara. Era el comandante Martínez, al frente de un operativo de revisión, rodeado de hombres armados y apoyado por efectivos de corporaciones policiacas y del Ejército Mexicano.

— Y alguna vez lo viste matar.

— Lo que te puedo decir es que él vengó a Pedro Avilés. Juró en su sepelio que lo iba a vengar. Y lo hizo.

A Avilés lo mataron “por puras envidias”. Era un jefe, jefazo, volaba para serlo. Era valiente y le daba dinero al gobierno con tal de que no lo molestaran.

“Una persona de apellido Alcalá era jefe de grupo de la policía federal y pedrito le dio 20 mil pesos, porque él cooperaba mucho con el gobierno para que lo dejaran trabajar. Pedro era muy recio, capo grande, y ahí en la mafia también hay envidias”, recordó.

Y fue el mismo Alcalá el que se encargó de asesinarlo. En Tepuche, cuando iba a Aguacalientita, lo detuvo la federal y se una zona conocida como la i griega, donde donde los abatieron a tiros junto con otras tres personas.

“Eso fue lo que no le cayó al Cochiloco. Era una muerte tan gacha. Los habían matado como perros, después de desarmarlos”.

Por eso El Cochiloco, habiendo jurado vengar la muerte de Pedro Avilés, se trasladó hasta Uruapan Michoacán acompañado por un grupo de hombres. Se instalaton en el hotel frente a la central camionera y de ahi se fueron hasta Apatzingan en el corazon de tierra caliente donde vivia la familia de uno de los que habian matado a pedrito, Un madrina de la policia judicial federal le apodaban El huarache, un acople, que ya se sentia perro grande, despues de la muerte de pedro el huarache se habia ido de vacaciones a tierra caliente, ahi le llego la muerte el culichi lo mato cerca del parque municipal como alas tres de la tarde , culichi lo remato con un tiro en el pecho.

Y el siguiente fue Alcalá, el que habia recibido la orden de traicionar a Avilés. El mismo grupo de sicarios se trasladó a Colima, donde El Cochiloco tenía una casa de “mantenimiento”, y luego a Guadalajara, ya que ahí Alcalá tenía una fábrica de bloques.

Justo cuando intentaba abrir su carro, un Lebarón llegó hasta el jefe policiaco el cochiloco y le disparó con un fusil FAL.

“Y ya que lo tumbó se bajó, se hincó y lloró. Levantó el rifle en señal de triunfo y gritó ‘¡este es el otro que te prometí pedrito!, ¡Ya cumplí!, ¡Ya no tengo compromisos, no me vayas a mandar un duende desde allá donde andas!’”.

El Cochiloco, Manuel Salcido, comandante Martínez. El mismo, todos y nadie. Se le atribuyeron más de 75 muertes. Le gustaban los palenques y lo mismo se le señalaba como bandido generoso que como matón sanguinario y extremadamente violento.

Hay quien dice que como Pedro Infante y Amado Carrillo, él está vivo y les sigue llevando la tambora a los de San Juan, su tierra. Si en vida se contaba que tenía una persona que se parecía mucho a él y que la hacía de su doble, ahora se cuenta que no ha muerto.

Que no murió ni con los más de cincuenta balazos que dicen que recibió, aquel 9 de octubre de 1991

La segunda generación de traficantes en Sinaloa, como Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo, aprendieron todo lo que sabían sobre el narcotráfico mientras servían en la organización de Avilés.

Los archivos de seguridad nacional cuantan en su expediente sobre Pedro Avilez que murio en un tiroteo con la Policía Federal en septiembre de 1978, se cree que Avilés fue traicionado por Ernesto Fonseca quien fue el tesorero de la organizacion y Rafael Caro Quintero fue capataz de Avilés en Chihuahua y quien empezó a adquirir la marihuana y amapola.

La corrupción de los funcionarios del Estado fue promovido por Miguel Ángel Félix Gallardo, un capo que pasó tiempo en Sinaloa trabajando como policía estatal de Sinaloa y que actuo como cuerpo de guardia de Leopoldo Sánchez Celis, gobernador de Sinaloa.

Pedro Avilés Pérez, quien marcó el nacimiento de los grandes capos en México por el tráfico de droga a gran escala, fue tío del actualmente lider del cartel de Sinaloa Joaquín Guzmán Loera alias “El Chapo”.

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