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Ismael “Mayo” Zambada, el fantasmal líder del Cártel de Sinaloa que se oculta en las montañas

Ismael “Mayo” Zambada, el fantasmal líder del Cártel de Sinaloa que se oculta en las montañas, El 3 de abril de 2010, la portada de la revista semanal Proceso exhibió una insólita imagen. Su fundador, el periodista Julio Scherer, que entonces tenía 80 años.

Ismael Mayo Zambada, el fantasmal líder del Cártel de Sinaloa que se oculta en las montañas

Aparecía en una fotografía bajo el brazo de Ismael “El Mayo” Zambada, líder fundador del Cártel de Sinaloa, uno de los narcotraficantes más buscados por las autoridades de México y Estados Unidos, y el único de esa organización que nunca ha pisado la cárcel.

En aquella entrevista, la única concedida por el capo, le explicó a Scherer que casi nunca dormía en el mismo lugar, nunca bajaba del monte, y que su suerte hasta ese momento se debía a que no había aparecido un traidor.

–¿Teme que lo agarren? –le preguntó Scherer.

–Tengo pánico de que me encierren– respondió Zambada.

–Si lo agarraran, ¿terminaría con su vida?

–No sé si tuviera los arrestos para matarme. Quiero pensar que sí, que me mataría.

Aunque su cabeza tiene precio (30 millones de pesos en México y 5 millones de dólares en Estados Unidos), a la fecha poco o nada se sabe del paradero del “Mayo”. Tan sólo eso: que se mueve en el monte, entre comunidades de la sierra de Sinaloa que conoce desde su infancia, discreto, alejado de lujos y presumiblemente protegido por una red de corrupción y connivencia, de acuerdo con expertos en el tema.

La vida de agricultor

Ismael “El Mayo” Zambada nació en 1948 en Sinaloa, en una pequeña comunidad de Culiacán conocida como El Álamo. Unos dicen que el día 1 de enero, otros que el 7, vaya a saber. Con “El Mayo” sucede que, a diferencia de otros narcotraficantes como su socio y compadre Joaquín “El Chapo” Guzmán, hay muy poco sobre su vida personal y sus comienzo en el mundo de las drogas.

–¿Cómo se inició en el narco? –le preguntó Julio Scherer en la entrevista de 2010.

–Nomás –le respondió Zambada.

–¿Nomás? –insistió el periodista

–Nomás –dijo “El Mayo”.

En la Librería del Congreso de Estados Unidos hay registros que lo describen como “un ex granjero con un amplio conocimiento agrícola y botánico”, que aprendió cómo “enganchar su negocio al de otras organizaciones más grandes” para involucrarse en el tráfico de drogas.

De sus primeros vínculos con los grupos que dominaban el negocio de las drogas, se dice que comenzó en la adolescencia, a los 16 años tal vez, protegido por dos grandes capos: Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto”, y Miguel Ángel Félix Gallardo, “El Jefe de Jefes” o “El Padrino”, los dos fundadores del Cartel de Guadalajara, la más importante organización criminal en los años 80, a la que pertenecía también Rafael Caro Quintero.

Desde entonces, por las investigaciones de la DEA en México, las autoridades estadunidenses ya habían identificado a “El Mayo” como un importante traficante. Pero su ascenso se aceleró a partir de la caída de los tres hombres fuertes del cártel de Guadalajara, encarcelados por el asesinato del agente de la DEA Enrique “el Kiki” Camarena.

De hecho, de las entrañas del Cártel de Guadalajara nacieron el Cártel de Sinaloa, que encabezarían El Mayo, El Chapo y El Azul (José de Jesús Esparragoza); el Cártel de Juárez, de los Carrillo Fuentes, y el Cártel de Tijuana, de los Arellano Félix.

Las autoridades presumen que “El Mayo” Zambada fue una pieza clave en la colaboración que mantuvieron estas tres organizaciones y sus líderes hasta 2004, cuando se rompió el pacto que precipitó la guerra entre cárteles.

Pero mientras mantuvieron su alianza, esas organizaciones y sus líderes ganaron poder y dinero, gracias a sus jugosas alianzas con los cárteles colombianos, con los que mantenían una estrecha relación. Principalmente, Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos” y “El Mayo” Zambada, a quien las autoridades de Estados Unidos identificaban ya entonces como uno de los narcotraficantes mexicanos con más vínculos con organizaciones colombianas para el tráfico de cocaína a Estados Unidos.

Al morir del “Señor de los Cielos” en las más extrañas circunstancias de una cirugía plástica, en 1997, y comenzar una ofensiva oficial contra el Cártel de Tijuana, el clan de Sinaloa se fortaleció y sus líderes ganaron influencia.

La estirpe de las drogas

Al amparo de los negocios del Cártel de Sinaloa, “El Mayo” se convirtió en un próspero empresario. Junto con su esposa Rosario Niebla Cardoza, abrió varias empresas, entre ellas, la lechería Santa Mónica, que se abastecía de los ranchos ganaderos propiedad de la familia.

Fueron años de bonanza para el Cártel de Sinaloa y “El Mayo” Zambada, quien acumulaba riqueza, mujeres e hijos.

Al periodista Scherer le confesó que tenía esposa, cinco mujeres (hijas), 15 nietos y un bisnieto. La información oficial le atribuye al menos 9 hijos: 5 mujeres y un hombre que nacieron del matrimonio con Rosario Niebla. Hay otros tres reconocidos con otras mujeres: Ismael Zambada Imperial, Serafín Zambada Ortiz e Ismael Zambada Sicairos.

De sus 5 hijas y su esposa, le dijo a Scherer: “Ellas, las seis, están aquí, en los ranchos, hijas del monte, como yo”.

Pero la información del gobierno estadunidense es otra. De acuerdo con la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro (OFAC, por sus siglas en inglés), María Teresa y Modesta Zambada Niebla, dos de sus hijas, están identificadas desde 2010 como operadoras de la red de lavado de dinero de su padre, con empresas como el Establo Puerto Rico, Jamaro Construcciones, Multiservicios Jeviz, Arte y Diseño de Culiacán; y en Autotransportes JYM.

María Teresa además era propietaria de la estancia infantil “El niño feliz”, que recibía recursos públicos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), organismo de seguridad social del Estado mexicano, antes de ser señalada como una empresa de lavado de dinero del “Mayo”.

Sus hijos hombres también formaron parte de su red de operadores en el negocio de las drogas. El mayor, Vicente Zambada Niebla, a quien llaman “El Vicentillo”, actualmente espera condena en una corte de Chicago, luego de que se declaró culpable de conspiración para poseer e intentar distribuir droga en territorio estadunidense entre 2005 y 2008.

“El Vicentillo” fue detenido en la Ciudad de México el 19 de marzo de 2009 en la colonia Fuentes del Pedregal, una zona exclusiva del sur de la capital. En febrero de 2010 fue extraditado a Estados Unidos, donde reconoció a su padre como líder del Cártel de Sinaloa con actividad delictiva en el tráfico de drogas desde la década de 1970. Su colaboración con la Fiscalía federal del Distrito Norte de Illinois lo salvó de la cadena perpetua y hoy espera una sentencia menor de 10 años.

En su momento, Scherer le preguntó a Zambada de su “Vincentillo”, ya detenido: “A propósito de su hijo, ¿vive usted su extradición con remordimientos que lo destrocen en su amor de padre?”

Zambada le respondió: “Hoy no voy a hablar de ‘mijo’. Lo lloro”.

También debió llorar al menor de sus hijos, Serafín Zambada Ortiz, quien está a punto de alcanzar su libertad en Estados Unidos, luego de que la Corte Federal de San Diego, California, le dictó una sentencia de 66 meses por tráfico de drogas, que corrieron a partir de su detención en 2013. A él lo detuvieron en la frontera con Estados Unidos, al intentar cruzar por Nogales, Arizona.

Otro: Ismael Zambada Imperial, “El Mayito Gordo”, aprehendido en Culiacán, Sinaloa, en noviembre de 2014, y extraditado a Estados Unidos un año después.

El vínculo de la familia con los negocios se extiende también hacia Jesús Zambada García, “El Rey Zambada”, hermano del “Mayo”, quien fue su operador más importante hasta su detención en octubre de 2008. Tenía a su cargo la entrada al país de la cocaína y metanfetamina que provenía de Sudamérica y su principal zona de operación era el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Juan José Parra Zambada, Jesús Zambada Reyes y Vicente Zambada Reyes son sobrinos del “Mayo” y también formaron parte del negocio. El primero está detenido y los otros dos muertos.

Invisible y poderoso

Así de extensa ha sido la presencia del apellido Zambada en el negocio de las drogas y profunda la influencia del “Mayo” en el mundo en mundo del narcotráfico, donde lo reconocen como uno de los más inteligentes operadores financieros.

Desde 2003, las autoridades de Estados Unidos lo identificaban como “uno de los narcotraficantes más fuertes en México, capaces de transportar varias toneladas de cocaína, marihuana y de heroína”.

Un reporte del Departamento de Estado estadounidense de ese año anota: “La organización Zambada-García puede recibir múltiples toneladas de cocaína de fuentes colombianas (…) utiliza una variedad de métodos, incluyendo aviones, camiones y autos para el transporte de la cocaína. La organización Zambada-García controla el contrabando de cocaína en ciudades como Arizona, California, Chicago y Nueva York”.

En enero de ese mismo año, el Juzgado de Distrito de Washington emitió una orden en contra de Zambada por sus actividades de tráfico de drogas, y desde un año antes su nombre ya estaba en la lista de la Ley de Designación de Narcotraficantes Extranjeros.

Pero hay otras causas penales abiertas en su contra en juzgados de California, Illinois y Texas. En alguna de ellas comparte expediente con El Chapo y en otra aparece sólo su nombre.

Un día decido entregarme al gobierno para que me fusile. Mi caso debe ser ejemplar, un escarmiento para todos. Me fusilan y estalla la euforia. Pero al cabo de los días vamos sabiendo que nada cambió

No será el capo más visible y ostentoso, pero el control del cártel más poderoso de México está en sus manos. Tal vez compartido con Juan José Esparragoza, “El Azul”, pero de este hay todavía menos noticias. Hay quienes aseguran que está muerto, aunque nadie lo ha confirmado.

En todo caso, la atención pública pesa sobre El Mayo, como líder del Cártel de Sinaloa. Sobre todo a partir de la recaptura del Chapo, que no ha significado el debilitamiento de sus operaciones, a juzgar por distintas investigaciones que lo ubican como toda una organización multinacional de zambadalas drogas, que acaso ya supera el control del propio Zambada.

Se lo dijo a Scherer desde su guarida: “Un día decido entregarme al gobierno para que me fusile. Mi caso debe ser ejemplar, un escarmiento para todos. Me fusilan y estalla la euforia. Pero al cabo de los días vamos sabiendo que nada cambió”.

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