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La leyanda de Nazario Moreno alias el Chayo

Nazario Moreno Gonzales fue un joven campesino durante sus primeros años antes de alcanzar la mayoría de edad, motivado por las historias del norte y ganar dólares.

La leyanda de Nazario Moreno alias el Chayo El Hijo de Don Nazario Moreno y María González se traslada a California con la promesa de trabajar duro para mandar centavitos y que sus hermanos los invirtieran en el rancho, su terruño Guanajuatillo, una comunidad serrana enclavada en lo alejado entre Apatzingan y Tumbiscatio, ahí donde creció Nazario ahi, jugando en el campo y soñando ser un súper héroe.

Que ayudará a los pobres michoacanos, viajaba con cargas de leña de la comunidad del Guayabo al ejido de Holanda, su mamá le arreglaba la ropa de sus hermanos mayores, dice doña María, Chayito con ropa usada pero bien planchado y remendado, ese arte de cocer ropa a mano sin dejar evidencia, era virtud de María González Contreras.

Cuando llegó a estados unidos esperaba trabajar de mecánico, pero el pariente que le ofreció la chamba le pedía experiencia, resulta que tenía muchos pendientes y no había tiempo para enseñarle, regreso ala casa donde se quedaba, unos cuantos días y el joven Nazario se desesperaba, salía alas lavanderías y ahí miraba a “los paisas” que llevaban a lavar su ropa, gente de Puebla, de Oaxaca, que por esos rumbos de California abundan por dónde quiera, inclusive ahí un lugar por donde Nazario paseaba que se conoce como Aguilillita por tanta raza que ahí vive originaria de esa hermosa tierra Michoacana, y si se hubiera esperado más el joven Nazario, hubiera conocido a Rubén Oseguera quien ya andaba con su hermano Abraham pastillando en las aceras.

Consiguio un trabajo esa vez, preguntando en las lavanderías, con los paisas de Oaxaca, en el campo o field, cortando fruta, pero era muy atrabancado, cuatro horas de regaños, y salió al lonche, al próximo reclamo, aventó la cubeta y de un manotazo le reventó la nariz al encargado de contar las cajas, después fueron a calmarlo y también con el mayordomo se tundieron a golpes, se calmaron y lo corrieron, le dieron sus 50 dólares y Chayo se los guardo junto a su coraje, era su primera visita al norte trabajando derecho no le gusto y decidió regresar a Michoacan, no pasó mucho tiempo cuando en una fiesta de octubre lo invita un vale de Uruapan a probar suerte a Reynosa, no tenía para el pasaje y su madre doña María siempre atenta le consiguió unos centavos como decían en el rancho, de ahí salió otra vez Nazario, para la frontera del otro lado…

Cuando llegaron a Reynosa, le consiguieron una casa vieja para que ahí viviera, con plástico en lugar de techo que tapaba los abujeros de la lámina de cartón y aún así se mojaba, por las noches tenia hambre comía tacos pobres, así le llaman al local de Boulevard las Fuentes justo por la calle 7 en Reynosa Tampas como dijera El Piporro cantante famoso por aquellos lares cuyo nombre era por cierto Eulalio Gonzales.

Poco a poco le llegó la oportunidad de entrarle a los jales, inicio con un señor llamado Balta Cevallos, pero era mucho el arriesgue para lo que le pagaban, cruzaba hasta McAllen y pego varias veces, hasta que en una suerte conoció a Kike Oliveros que era brazo derecho de Carlos Rosales, para suerte, Rosales ya había planeado crear un equipo de trabajo con puro gallo bravo de tierra caliente, y de pasar uno a tres kilos de coca con el Balta, pronto ya mandaba de 25, hasta arriba, Chicago era el territorio que Chuy Gaytán había heredado a Carlitos Rosales.

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