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Así fue mi encuentro con las dos esposas de los gemelos que traicionaron a ‘El Chapo’ Guzmán

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Olivia y Mia esposas de los gemelos que traicionaron a ‘El Chapo’ Guzmán, como acordamos que fueran llamadas durante la entrevista, llegaron puntuales a la cita, vestidas de negro. Aún subidas en tacones de cuatro pulgadas, se veían pequeñas.

Así fue mi encuentro con las dos esposas de los gemelos que traicionaron a 'El Chapo' Guzmán

No les pregunté, pero estoy segura de que llevaban pelucas. Llegaron acompañadas por dos hombres. Además de la seguridad de las señoras, ellos estaban pendientes de nuestros monitores para vigilar que las cámaras no mostraran algo que pudiera delatar la identidad de las damas, Ambas son concuñadas. Están casadas con los narcotraficantes Margarito y Pedro Flores, hermanos gemelos que se hicieron célebres.

Por abandonar el cartel de Sinaloa y convertirse en informantes del gobierno federal de los Estados Unidos, Nuestros camarógrafos habían iluminado el set de tal manera que las sombras cubrieran los rostros de las entrevistadas. La tenue luz dejaba ver partes de sus cuerpos con muchas curvas. Se quitaron las joyas. No querían dejar nada al azar. Uno de los hombres notó que en la cámara se veía un tatuaje revelador.

No pudimos empezar a grabar hasta que en mi bolsa de maquillaje encontré con qué cubrir la marca. En ningún momento impusieron algo ni fueron difíciles. Todo lo contrario, fueron amables y hasta tímidas. Claramente se veían nerviosas. No todos los días se revelan los secretos de un peligroso cartel mexicano de la droga.

Mia hacía el papel de rubia con un corte que le llegaba a los hombros, mientras que Olivia jugaba a la morena con cabello oscuro. Nunca se quitaron los lentes oscuros que llevaban, los cuales cubrían buena parte de sus rostros. Lo que sí era evidente era la ropa de marca que lucían. Las tiendas virtuales de marcas reconocidas ubicaron los zapatos de Olivia costaban en mil dólares, y su cartera en $1,500. En el libro, ellas admiten haberse sometido a varias cirugías plásticas, aunque no quise entrar en el tema para no trivializar la entrevista. Había tantos detalles que quería saber sobre sus vidas con los gemelos que habían traicionado a ‘El Chapo’.

Visten ropa costosa, aunque dicen que buscan un bajo perfil.

Una vez que comenzó la entrevista, Olivia era la que más hablaba y eso ya me lo esperaba. Ella es la mayor de las dos y con mayor experiencia en el mundo de las drogas. Cuando conoció a Margarito Flores, ella ya había estado tras las rejas en México convicta por narcotráfico. Su primer esposo estaba en la cárcel y el segundo, un líder de la pandilla Los Latin Kings, había sido asesinado por sus adversarios en Chicago.

Mia, por su parte, nunca había tenido relación con alguien relacionado con los carteles de las drogas hasta el día en que se enamoró de Pedro Flores.

Claramente Olivia era la protectora, pero Mia, aunque más callada, me dio la impresión de ser igual o más fuerte que su concuñada.

Olivia conocía perfectamente el negocio de los gemelos, con lujo de detalles me describió la relación de Margarito y Pedro con ‘El Chapo’, incluso explicó como Guzmán Loera llevaba las operaciones de su cartel “a la antigua” hasta que los gemelos le enseñaron a usar la tecnología a su favor y eso despegó “el negocio”. Más que socios, eran como parientes, según ellas. “Los quería como a sus hijos” me dijo Olivia.

Los preparativos

Lograr un acuerdo para realizar la entrevista tomó meses. Lo más complicado no eran las consideraciones periodísticas, sino la logística. Para empezar, el encuentro tenía que ser secreto. Según su representante, las señoras estaban muy nerviosas porque sabían que un paso en falso podría costarles la vida. Ellas querían asegurarse que ningún detalle pudiera revelar su identidad.

El otro tema era dónde realizar la entrevista sin llamar mucho la atención. Después de examinar varias posibilidades, acordamos el lugar de encuentro. Sería en la ciudad de Nueva York. Tengo que confesar que cuando exigieron seguridad para poder llegar a la entrevista pensé que los personajes estaban siendo paranoicos.

Esa sensación se disipó cuando vi en un mapa que el lugar señalado estaba a pocas cuadras de la prisión federal de alta seguridad donde está recluido el narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, alias ‘El Chapo’.

A través de su representante, me dejaron saber que necesitaban seguridad en todo momento. Entre sus exigencias estaba un auto blindado con chofer y guardaespaldas armados.

No sabía de ellas mucho más de lo que había leído en el libro “Las Esposas del Cartel”. Hace un par de años supe de su existencia cuando realizaba un trabajo de investigación en Chicago sobre sus maridos. Los narcotraficantes Margarito y Pedro Flores, hermanos gemelos que se hicieron célebres por abandonar el cartel de Sinaloa y convertirse en informantes del gobierno federal de los Estados Unidos.

Después de haber llegado a la cima del mundo del narcotráfico y convertirse en los mayores distribuidores del cartel de Sinaloa, cambiaron de bando. Por meses, mientras movían toneladas de droga de Joaquín Guzmán Loera, grababan cada llamada y reportaban cada movimiento de sus socios y lo transmitían al otro lado de la frontera donde estaban los agentes de la DEA descifrando la telaraña de datos que recibían de sus informantes secretos.

Los mismos agentes federales admitieron que cuando empezaron a trabajar con los gemelos Flores se sorprendieron de la cantidad y calidad de información que poseían y lo cerca que estaban a la cúpula de la organización.

Por estos días, los hermanos están protegidos en una prisión federal cumpliendo una sentencia de 12 años. Sus nombres son los primeros en la lista de testigos contra ‘El Chapo’ Guzmán.

Cuando recobren su libertad en el 2021, los gemelos Flores ingresarán al Programa de Protección de Testigos del gobierno federal, esto quiere decir que el gobierno les dará una nueva identidad y una nueva vida en algún rincón de este país. Sus esposas tendrán que esperar hasta entonces para estar protegidas. Mientras tanto, tratan de mantener una vida normal y de bajo perfil con sus hijos, y según ellas, trabajan en empleos legales.

Hablamos por más de una hora. Tiempo suficiente para que nos despidiéramos como si nos hubiéramos conocido por años. Las mujeres somos así. Las acompañé al elevador y se fueron con el mismo disfraz y con el mismo miedo con el que llegaron.

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