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Ocho horas de terror con saldo de 6 ejecutados en Uruachi

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CHIHUAHUA, Chih .- Los habitantes de la cabecera de Uruachi vivieron más de ocho horas de terror ayer, cuando dos grupos antagónicos se enfrentaron de nuevo.

Ocho horas de terror con saldo de 6 ejecutados en Uruachi

En ese municipio, cuyo saldo fue de seis personas muertas –entre ellos un agente-, y el director de la Policía Municipal resultó herido, Uruachi se ubica en la Sierra Tarahumara y colinda con el estado de Sonora. Es uno de los primeros municipios en el que los ataques entre grupos delictivos – del Cártel de Sinaloa y el brazo armado del Cártel de Juárez, La Línea-, obligaron al desplazamiento forzado de comunidades enteras, a partir de 2011.

El municipio es gobernado por Hassel Rocío Campos Rascón, del Partido Revolucionario Institucional. Ella es prima del exalcalde panista Aldo Campos, quien ocupó el cargo los tres primeros años del gobierno duartista, cuando el municipio vivió los peores momentos de violencia de la época reciente, que sirvieron para callar a todos los habitantes que han sido testigos del crecimiento de fosas clandestinas, han tenido que callar por miedo, otros enfrentamientos, desapariciones y desplazamientos forzadas.

Aldo Campos murió de cáncer en julio de 2013, a tres meses de entregar el cargo como presidente municipal de Uruachi.

Este viernes, dos grupos antagónicos que no han sido identificados oficialmente, paralizaron el poblado de Uruachi, el evento delictivo fue público, la gente llamó a medios de comunicación. Luego de seis horas, llegaron agentes de la Comisión Estatal de Seguridad y de la Agencia Estatal de Investigación. Ni el Ejército mexicano ni la Policía Federal, atendieron el llamado de los habitantes.

El comunicado de la Fiscalía General del Estado informó que recibieron el reporte del enfrentamiento a las 6:30 horas de este viernes y finalizó alrededor de las 14:30 horas.

De acuerdo con la investigación de la división de investigación de la CES, dice la FGE, un grupo de hombres armados se hospedaban en una vivienda que utilizaban como hotel. El inmueble fue incinerado en la refriega.

“Además, en otros hechos se informó que en las inmediaciones del pueblo se localizaron tres vehículos abandonados de los cuales se desconoce si hay personas sin vida en ellos (…) personal de las fuerzas estatales con sede en Ciudad Cuauhtémoc acudieron al lugar, esto a pesar de que para llegar a dicha localidad se hacen de cinco a seis horas de camino además de que no hay señal de teléfono celular”, justificó la dependencia.

La fiscalía utilizó un helicóptero para atender la emergencia y solicitó apoyo al Ejército mexicano: “Se les solicitó apoyo al Ejército mexicano, mismos que indicaron que carecían de personal suficiente para brindarlo”, informó el director de la Comisión Estatal de Seguridad, Óscar Alberto Aparicio Avendaño.

Más tarde, la fiscalía informó que el número de personas sin víctimas había aumentado a seis, entre éstas, el agente municipal Braulio R.Y., de 56 años, quien se dirigía al trabajo alrededor de las 7:00 horas, cuando fue sorprendido por hombres armados que lo mataron.

A unos metros de la comandancia de Policía Municipal localizaron otros dos vehículos de la corporación con disparos de armas de fuego y en la comunidad El Mirador, cercana a la cabecera, localizaron cuatro vehículos particulares abandonados. Uno de los vehículos es Volkswagen y estaba blindado.

La Agencia Estatal de Investigación dio a conocer que las seis víctimas ejecutadas son hombres, y tres de ellos, estaban vestidos con ropa tipo militar y chalecos tácticos.  Dos de ellos se encontraban cerca de El Mirados y uno a cien metros. Al lado de este último cuerpo había un arma conocida como cuerno de chivo y un cargador calibre .223 R-15.

Otro hombre asesinado se encontraba en la parte trasera de una vivienda y los otros dos, en el arroyo Los Muertos.

Uruachi, una historia de terror silenciada

Uruachi es uno de los municipios de la Tarahumara, en donde históricamente la gente ha sembrado droga, marihuana y más amapola los últimos años.

La actividad que ha sido permitida por las autoridades de todos los niveles, se naturalizó como en el resto de la zona y otras del país, pero la guerra contra el narcotráfico, vulneró más a los habitantes que vieron crecer a los grupos delictivos que controla casi todas las actividades de la región y que buscan además, del control de las tierras de todo tipo de cultivo, lícito e ilícito.

En el proceso electoral pasado, pobladores de Uruachi opinaron para apro, que la elección de autoridades es compleja porque es difícil deslindar a la población de los narcos de esa región, por los parentescos y la naturalización del cultivo de droga.

En el caso de la alcaldesa y el exalcalde Aldo Campos, comentaron que son familiares de la gente de Arechuyvo, un pueblo de Uruachi donde se refugian integrantes de un grupo delictivo que tiene fuerte presencia en el municipio.

Una de las comerciantes de ese municipio resumió en esa ocasión:

“Acá es muy difícil deslindarse de los grupos delictivos porque cualquiera siembra droga. Lo que cuenta es que trabajen para beneficiar al municipio porque es difícil que vayan en contra de los delincuentes”.

El municipio se encuentra entre paisajes majestuosos, entre caminos escarpados y picos altos, valles profundos y comunidades muy dispersas.

Por esas características y después de vivir una balacera encerrado con su hija de tres años en su casa en septiembre de 2011, Aldo Campos llegó a comparar ese territorio con Vietnam.

Entrevistado vía telefónica al siguiente día de aquella balacera, en la que adolescentes flacos se “tambaleaban” cuando brincaban para refugiarse en los patios de las viviendas, Aldo Campos dijo:

“Pueden mandar miles de militares, policías federales, pero la gente se esconde en el barranco, es muy complicado. Es como los vietnamitas, que batallaron mucho con ellos porque es su territorio, lo conocen”.

Totalmente rebasado y sin el apoyo del gobierno estatal de aquel año, advirtió:

“Hoy la gente está más tranquila porque decidió enfrentar con ‘agallas’ la situación y no con miedo. La policía (municipal) estaba con temor, pero vale más vivir así, con las agallas para parar a esta gente, a estar sometidos en la incertidumbre. Lo más veo es ver que los hijos preguntan qué está pasando y decirles: ‘métete al baño mijo, métete a la cama’. Somos gente buena, pero no abusen.”

En abril de 2011, un grupo armado ingresó en convoy, con hombres vestidos tipo militar y encapuchados, al pueblo de Jicamórachi, ubicado en lo profundo de una barranca del mismo municipio.

Ese día quemaron las viviendas del líder del grupo del cártel de Sinaloa, Antonio Erives. La familia de éste, tuvo que huir con el resto de los pobladores, al monte, donde duraron alrededor de una semana.

También quemaron la vivienda del único médico que quedaba en el pueblo, el taller del papá de Erives y las balas quebraron las ventanas de una iglesia cristiana y otras propiedades.

Niños y ancianos permanecieron en los cerros, refugiados y algunos enfermos, para ocultarse del grupo de La Línea. Más de las 122 familias del pueblo (varios de la etnia de warojíos) dejó el pueblo, incluida la familia de Erives.

Una sobrina de él, entrevistada después de que asesinaron a Antonio Erives, en octubre de 2012, recordó que él ayudaba ‘protección’ a la gente. “Ayudaba a la gente, les prestaba trocas para ir a los hospitales (…) era buena gente”.

A partir de la toma de Jimacóriachi, otros pueblos corrieron con la misma suerte. Los años siguientes, se enfrentaron a campo abierto, “en guerras”, decía la gente.

Asesinaron a médicos y enfermeras que eran obligados a atender a los heridos de determinado grupo y los interceptaba el grupo contrario; desplazaron a comunidades completas.

El caso más conocido es el de El Manzano, de donde huyeron 34 personas en abril de 2015 y meses más tarde, otras más. La comunidad tienen medidas cautelares por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, según el expediente CIDH:MC-106/15.

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