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El Lazca líder del grupo criminal Los Zetas aún moviliza a la gente a 5 años de su “muerte”

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La imagen de Heriberto Lazcano Lazcano que exhibía la DEA, para ofrecer una recompensa de 5 millones de dólares por información que condujera a su arresto.

Se exhibe a la entrada del templo de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, en la colonia El Tezontle, de Pachuca, de donde es oriundo el exfundador y líder de Los Zetas.

La familia del capo, presuntamente acaecido en un enfrentamiento con infantes de la Marina el 7 de octubre de 2012, convocó a una homilía por el quinto año luctuoso de quien –dice el cartel que muestra el rostro de El Lazca–, es “el benefactor” de esta iglesia, por la cual la Procuraduría General de la República (PGR) inició, en 2010, la averiguación previa AP/PGR/PACH/I-V/752/2010, por su posible construcción con recursos del narcotráfico.

El rótulo, colocado afuera del recinto religioso en el que se reza por el descanso eterno de El Verdugo, cita que “por su gentil asistencia (a las oraciones post mortem) la familia queda eternamente agradecida”.

El ritual de rezos se repite anualmente pese a que, después del robo de la carroza fúnebre en Progreso, Coahuila –donde fue supuestamente abatido–, los restos del Z-3 no fueron depositados en el mausoleo de la familia Lazcano, dentro del panteón ejidal San Francisco, en El Tezontle, donde reposa, detrás del vitral, una tumba –construida por el propio capo– sin cuerpo, vacía.

Aunque los deudos del jefe del narco, que alcanzó el grado de cabo de infantería en el Ejército Mexicano, atribuyen a éste la dádiva para erigir el oratorio, la PGR confirmó a La Silla Rota que siete años después de iniciar la averiguación –con los indicios que posee–”no se desprenden elementos suficientes que permitan resolverla en definitiva”; es decir, atribuir su construcción a una narcolimosna del fundador de Los Zetas.

La anterior es la respuesta a una solicitud de información (folio 0001700014916), a pesar de que el 2 de febrero de 2009, en la inauguración del centro de catequesis que lleva el nombre de Juan Pablo II, se exhibió una placa metálica que agradecía el donativo a El Lazca, junto con un versículo bíblico, el Salmo 143: Señor, escucha mi oración, atiende a mis plegarias, respóndeme, tú que eres fiel y justo”.

La esquela de El Verdugo

“El Verdugo ejecutaba, dándole fin a sus vidas

La máxima autoridad, demostraba la ley que tenía”…

Éste, el cuarto verso de la esquela en memoria de Heriberto Lazcano publicada en octubre de 2014 por La Opinión de Poza Rica, aludía la “sangre fría” de quien “no conocía el miedo”, el segundo objetivo, después de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, en la estrategia militar para combatir el narcotráfico que implementó el expresidente Felipe Calderón
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La Oficina del procurador expuso, en el oficio PGR/UTAG/00498/2016, que no investigó el origen de la publicación para conocer posibles operaciones de Los Zetas en Veracruz, “porque no es un delito que pueda encuadrarse en alguno de los tipificados en el Código Penal Federal”.

El texto, versificado, aporta elementos sobre la personalidad de El Lazca: “era todo un sanguinario para acabar con los contrarios”; su “deporte favorito era cazar a sus enemigos”, por lo cual, indica la esquela, lo llamaban El Verdugo:

El “amo y señor de los Zetas”, añade, “dio inicio a la historia”: la formación de la guardia perentoria de Osiel Cárdenas Guillén, que se escindiría del Cártel del Golfo, y “llevó a los sicarios a la grandeza”.

En el oficio SJAI/DGAJ/05860/2016, elaborado por la Subprocuraduría Jurídica y de Asuntos Internacionales a petición, la PGR indicó que existen dos averiguaciones previas por delincuencia organizada en las que está imputado el excapo hidalguenses, las cuales están reservadas por doce años.

Su divulgación, argumentó, “menoscabaría las actividades policiales, pues se implicaría revelar las líneas de investigación que llevan tanto la Oficina Central Nacional de Interpol en México, como el Ministerio Público de la Federación”.

Asimismo, consideró que, de difundir la información, un daño probable sería poner sobre aviso a los cómplices del inculpado, “o bien provocar la alteración o destrucción de los objetos del delito que se encuentren relacionados con la investigación (…) o poner el riesgo la seguridad de cualquier persona que se encuentre inmersa en la misma”.

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